martes, 16 de noviembre de 2010

Pequeños triunfos

Mi trabajo es cansador. Muy cansador. Un día normal se inicia con un bailecito a las 8:50. Yo bailo y los niños me copian. En teoría es la misma coreografía todos los días, para que los niños se la vayan aprendiendo de a poco. Ahora, como yo no he sido capaz de aprender la coreografía, entonces el baile cambia todos los días, así que está un poco difícil que los niños se la aprendan.
Después de eso, a las 9 parte mi primera clase a niños de 3 a 4 años. Dura sólo 15 minutos pero hay que ponerle un entusiasmo loco para que los niños no se distraigan. Y además viene, después de esa otra de 15 y otra más. Luego dos de 20 minutos para niños de 4 a 5 años, y al final de la mañana, dos clases de 30 minutos para niños de entre 5 y 6. Bueno, eso es sólo la mañana. En la tarde viene una clase de 30 minutos con niños de 5, y luego 3 clases de 15 minutos con niños de 2 (sí, dos) a 3 años.
En todas estas clases hay que tener mucho ánimo. Una cara de lata, o de sueño o una falta de entusiasmo pueden significar la debacle: la anarquía infantil es trágica. En esas ocasiones los niños pierden el control, juegan por su cuenta, gritan, corren, se pegan, lloran, hacen montoncito, me roban las cosas, sacan la tortuga de su acuario, etc, etc. Esa anarquía se evita con control. Y ese control se adquiere con entusiasmo: no hay que dejar jamás que los niños se aburran o empezarán a entretenerse por sí sólos. Y es esa mantención del entusiasmo lo que agota.

Pero pese al cansancio puedo contar con algunos pequeños triunfos, que ayudan a sobrellevarlo: por ejemplo, una niñita le temía a los extranjeros. Cada vez que yo entraba a la sala ella lloraba desconsolada, no había caso. Y había sido así también con el profesor extranjero anterior, y con el anterior. Conmigo también lloró al principio. Luego se fue calmando, callaba pero no lloraba. Después de a poco empezó a reir, y hoy participa como cualquier otra niña. Eso lo logré haciéndola jugar y olvidarse de su temor.
También hay un niño que es enfermo. No habla, no participa, no entiende nada (creo que tiene autismo). Él está en su propio mundo paralelo, juega con juguetes pero nadie le habla, no canta las canciones que todos saben, no hace caso a las instrucciones de sus profesoras. Conmigo era lo mismo: un ente. Pero una vez, mientras yo cantaba una canción con mucho entusiasmo lo ví pararse, aplaudir y ponerse a bailar. Sólo fue un minuto y volvió a lo suyo pero logré conectarlo aunque fuera por un momento.

También tengo un curso desastre. Desastre desastre. No lo digo yo, lo dice cada profesora que ha pasado por allí. A mí me pasó lo mismo. Llegaba yo a la sala y corrían, me pegaban, se empujaban. Los gritos de "sit down" se los comían con palitos, no había caso. Mi estrategia fue entonces hacerles juegos intensos, físicos y movidos pero que los hicieran pensar. Darle órdenes como "touch the door" para que corran y se apelotonen, pero haciéndome caso. Y puedo decir que ya no tengo problemas con ese curso, siguen siendo inquietos pero ahora están expectantes de la actividad que les voy a hacer, cualquiera que ella sea.

Además, dentro de ese curso el líder negativo se llamaba Steven. Yo lo retaba mucho, pero también lo hacía participar mucho para darle atención. Cuando había que llamar a alguien adelante, era a él, era mi foco de atención. Y después de todo la estrategia funcionó. Ahora se porta mal, aunque no tanto como antes... y pidió cambiarse su nombre en inglés de Steven a Diego, lo cual fue aceptado por sus papás y profesores. De aquí en adelante, cuando se encuentre con algún occidental se va a llamar Diego.

Ya me queda sólo una semana de este extraño trabajo. En mi curriculum dirá: profesor de inglés de kindergarden en Shanghai, China. ¿A qué empleador puede interesarle eso? No he aprendido ningún conocimiento específico, pero me di cuenta de las cosas que puedo ser capaz. Puedo. pararme frente a niños de 5 años sin tener idea de su idioma, y hacerlos pasarlo bien y aprender inglés. Eso demuestra que puedo hacer muchas otras cosas, que creo que son más fáciles que ésta

martes, 19 de octubre de 2010

La Odisea del Iphone: parte 1.

La Maca decidió comprarse un Iphone acá en China. El precio no era ni comparable con el que tienen estos chiches en Chile (aunque igual era importante) y tras ver todas las maravillas que podía hacer el aparatito que ya se había comprado una amiga, decidió que era buen momento de hacerlo. La acompañé yo entonces al mall de los teléfonos: un lugar enorme donde habían cientos de mini-puestitos que representaban, cada uno, una tienda distinta. La transacción la hicimos en la tiendita de una china muy amable que trabajaba con su pololo y que hablaba muy buen inglés (el pololo, que era el que mandaba, no hablaba ni una gota). Comprado el aparatito entonces, nos fuimos a la casa, y se dedicó la Maca a meterse a Internet y bajarle todas las respectivas aplicaciones al bicho este. Pero cuando no tenía más de tres días de antigüedad pasó algo: lo enchufamos al computador y éste nos pidió si queríamos actualizar el software del teléfono, a lo que inocentemente dijimos que sí. Error: luego de instalarse el software el celular se bloqueó y no quiso seguir funcionando, así que decidimos en el acto ir a la tienda que nos lo vendió para que lo arreglaran. A continuación voy a contar los detalles de esa Odisea por la que tuvimos que pasar, y aunque pueda parecer tedioso (sólo imagínense el tedio nuestro) es importante para entender cómo piensan los chinos y por qué diablos somos tan diferentes a ellos.

Día 1:

8 P.M.

Llegamos a la tienda que nos vendió el Iphone a explicar la situación. Nuestro objetivo era, o bien, que lo arreglaran, o que nos dieran uno nuevo o que, por último, nos devolvieran la plata. Le explicamos a la chinita que hablaba inglés lo que había pasado y ella, con toda amabilidad, nos acompañó a otra tienda en la que lo vieron. Luego de unos minutos nos dijeron: para arreglarlo tendrían que pagar 300 yuanes (unas 22 o 24 lucas chilenas).

-Perdón, no están entendiendo -respondimos amablamente- no vamos a pagar nada para que lo arreglen, ustedes fueron los que no nos dijeron que el celular no se podía actualizar.

-Lo siento, tienen que pagar -respondió ella-.

Ante eso le sacamos un kilo de argumentos: -a ver, el celular es original, y lo vendes con garantía, le pirateas el software sin que nosotros sepamos y después se bloquea, ¿tú me dices que no lo vas a arreglar?

Ante estos argumentos ella no respondió, y la conversación subió de tono: -Me lo arreglas ya! -Le dijimos-. Ya! Ella estaba callada. -¿No tienes nada que decir? Lo arreglas ahora y gratis! Es tú culpa lo que pasó!

Luego llegó su pololo a ver que pasaba y nos miró con cara de: “no hay nada que pueda hacer”. Ahí la discusión subió de tono, llegando incluso a los empujones: es que me lo pagas – es que no – es que me lo arreglas – no es problema mío. Ante tantos gritos, un círculo de mirones se acercó. Entre ellos por suerte venía un gringo que hablaba bien chino y actuó como mediador. Entre otras cosas, nos explicó que los Iphone no tenían contratos con compañías chinas y que, por lo tanto, acá hackeaban el software para poder ocupar el Iphone como teléfono. Pero cuando uno actualizaba el software, no sólo se perdía el hackeo sino que además, el aparato se bloqueaba y para arreglarlo había que cambiarle la placa madre o, en otras palabras, “dentrar a picar”. Gracias a la mediación del gringo entonces, ellos se comprometieron a hacer algo cuando los visitaramos al día siguiente. Estuvimos una hora exacta reclamando esa noche y todavía faltaba un día casi entero de alegatos.

Pero antes de pasar a esa jornada maratónica, conviene analizar un poco lo que pasó. A mi entender, hubo un choque cultural básico en la escena anterior.

Ocurre que los occidentales argumentan, los Chinos no. Según Fung Yan y otros, esto tiene un origen geográfico. Pues mientras Grecia (cuna de la cultura occidental) era un país básicamente marítimo y comercial, la antigua China era mediterránea y agrícola. Esto tiene como consecuencia que en Grecia era común tener que negociar con personas que culturalmente estaban muy lejanos. Un mercader ateniense tenía que vérselas con Fenicios, Egipcios, Persas, Sicilianos, Macedonios, etc. Y todos ellos pensaban y reaccionaban distinto. Por lo tanto, para llegar a ponerse de acuerdo los griegos inventaron la argumentación. Usted respalda su posición y yo respaldo la mía, y el que lo haga mejor se queda con el premio mayor. En China, por su parte, había básicamente agricultores que se las veían con otros agricultores; todos chinos. Lo que primaba entre ellos entonces, era la búsqueda de una vía media para resolver conflictos, pero nadie perdía su tiempo argumentando (por lo mismo, los filósofos chinos no tenían lógica, pues sin argumentación no hay lógica).

Lo que pasó en la tienda entonces, es que mientras nosotros presentamos varios argumentos para respaldar nuestra posición: “el celular es nuevo, tiene garantía, ustedes no nos avisaron sobre la actualización, no teníamos por qué haber sabido eso de antemano, si yo compro algo y ese algo no funciona exijo que me devuelvan la plata, etc”. Ellos se limitaron a decir: “no es problema nuestro”. Ahí no hay argumentos, sólo están estableciendo su posición, y ellos se quedaron esperando que nosotros les dijéramos: "bueno, no te vamos a dar 300 por arreglarlo pero te damos 100". En definitiva, lo que ellos querían no era argumentar, no era inclinarse por una de las posiciones encontradas, sino buscar una vía media para solucionar el conflicto. Por cierto, esa vía media tampoco coincidía con nuestro concepto de justicia y estaba, por lo tanto, destinada a fracasar.

Día 2:

1 P.M: Llegamos nuevamente a la tienda. La chinita buena onda que antes nos trataba también ahora no nos hablaba. No sólo eso, no nos miraba tampoco. En lo que quedaba del día no iba a volver a considerarnos personas existentes porque el día anterior la habíamos retado en un tono alto y, en consecuencia, había perdido la cara. Que un chino pierda la cara significa que ha perdido su honor en una relación con alguien.

Me explico: la ética china mantiene que las emociones no pueden manifestarse efusivamente. Tú no puedes salirte de tu cordura y si alguien lo hace, y por ejemplo, si se enoja y grita efusivamente, significa que ha ocurrido algo muy grave. Cuando eso pasa la persona que ha sido reprendida siente que el vínculo social que mantenía con el otro ya no puede mantenerse y, en consecuencia, deja de relacionarse por completo con él (no sé si indefinidamente o por un tiempo). La "cara" representa un lugar en una red social, y el "perderla" implica no satisfacer las expectativas sociales que se tienen (en este caso, no satisfacer la calidad de vendedora). Nosotros que somos latinos aceptamos los retos y peleas como parte de toda relación, y el honor no es algo que se pierda entre nosotros con tanta facilidad, pero los chinos no pueden salirse de sus casillas (lo que no implica que no puedan ser crueles y autoritarios como a veces lo son, pero siempre manteniendo una expresión facial neutra). En consecuencia, el reto de la noche anterior había significado que ella perdiera la cara, y que no pudiera entonces volver a comunicarse con nosotros.

Por alguna razón, eso sí, su pololo al parecer no había perdido la cara pese a que le habían llegado unos retos más o menos fuertes (quizás porque él no había vendido el celular y no se sentía responsable del problema, no era "su" deber social el que había fallado), y el hecho es que tomó el celular, y se lo pasó a un amigo suyo para que lo arreglara. Su amigo lo enchufó en el computador y tecleó un par de cosas. Luego nos dejó esperando.

2 P.M: Una hora después, el teléfono estaba listo y nos lo pasaron con cara de: con esto ya no pueden alegar. Lo revisamos pero… no tenía señal, ni se conectaba a internet, y ni siquiera reconocía los contactos que había en el chip. En definitiva, se había convertido en un IpodTouch, pero ya no era un teléfono. Volvimos a hablar con el chino de la tienda y nos dijo algo en chino que no entendimos. Luego fue llegando más genta y hablaba en chino. Ninguna posibilidad de entendernos. Al fin, llamé al gringo de la noche anterior, quien me había dado su teléfono y me había dicho que lo llamara en estos casos. El habló con los chinos y me dijo que la situación era la siguiente: ellos nos ofrecían quedarnos con el celular en el estado que estaba, o pagarles 300 yuanes para que lo arreglaran. En definitiva: no habíamos avanzado nada. Pero ellos claramente no sabían con quien se estaban metiendo. Les dijimos que no íbamos a pagar y allí nos quedamos, sin movernos. Tampoco podíamos discutir mucho por el problema idiomático, por lo que más que nada nuestras caras lo decían todo. Finalmente apareció otro chino que hablaba decentemente inglés, y después de negociar durante mucho rato, conseguimos que aceptaran arreglarnos el celular gratis.

3 P.M: Partimos entonces, con otro chino más, a un edificio cercano a arreglar el celular. Había que hacer una cola de 10 minutos sólo para poder tomar el ascensor, y nuestras caras de lata ya no podían ser peores. Al fin llegamos a un sucucho caluroso donde cuatro chinitos se dedicaban a abrir celulares y arreglarlos. Su precisión era increíble. Uno tomó el Iphone, lo abrió y con un mini soplete apuntó a un chip de 1x1 cm. Luego lo sacó y tomó otro chip al que le puso estaño y cosas raras para soldarlo en el punto exacto, con todos los conectores necesarios.

Continuará....

martes, 5 de octubre de 2010

La increíble historia que no voy a revelar en el título

Cada vez que empiezo a escribir algo en este blog tengo que partir por disculparme. Entiendo que hay muchos allá que quieren leer qué pasa en este extraño mundo llamado China, y que mis actualizaciones no son todo lo frecuentes que debieran serlo. Pero bueno, hay mucho que hacer por acá también y las obligaciones y panoramas se atropellan y superponen. A partir de ahora, eso sí, no pido más disculpas: gústele al que le gústele escribo cuando quiero.

Lo de hoy es una de las historias más curiosas que me ha ocurrido en China. Tenía que hacerle clases a uno de los cursos más chicos, vale decir, niños de tres y a veces dos años. Con estos niños en especial la pega es difícil. Por supuesto que ellos no hablan inglés, y como yo no hablo chino la comunicación es mínima. Las profesoras no son un gran aporte tampoco y no me traducen cuando tienen que hacerlo, y cuando trato de hablarles, a los niños, mi rudimentario chino ellos parecen no entenderme (en el chino la pronunciación es muy difícil, y un pequeño cambio modifica el sentido de todo). Además de lo anterior, los niños son muy inquietos, y lograr que estén sentados y escuchándome es algo muy complejo. En resumen: en 4 meses no he logrado pasar más allá de los colores, y todavía no se los saben.

Pero bueno, mi punto era otro. Un día llegué a clases como de costubre, pero los niños estaban comiendo en la sala (comen en varias horas del día y las profesoras a veces se atrasan y sus comidas coinciden con mis clases) el hecho es que como ellos estaban comiendo, empecé a intrusear por la sala. Lo que encontré es lo más increíble que alguien pueda imaginarse. En una mesa había varios libros de cuentos: eran sobre conejitos, tortuguitas o monitos de Disney, nada extraño, pero de pronto, uno de los libros llamó mi atención. En su portada se veía un lindo revolver Magnum dibujado, con unas letras chinas arriba diciendo algo. Pero lo de adentro era peor. En la primera página había otro revólver (no sé de que tipo en realidad) que se mostraba con sus balas sobre una mesa. Luego venía un lindo cuchillo de estilo Rambo. Después, una subametralladora Uzi con todas sus balitas colgando, después algo más lindo todavía, una AK47 también con todas sus balas, después otra metralleta más grande aún con todas sus balas. Pero eso no era todo. En la página siguiente podíamos ver un helicóptero apuntándonos con sus dos metralletas a los lados, luego un F 16 que soltaba un misil. y por último un lindo tanque. Lo bonito de los últimos juguetitos era que tenían una gran estrella roja comunista pintada en ellos. Cada una de las páginas estaba, además, acompañada de un dibujito abajo de un niño chino que decía algo, vale decir, explicaba alguna cosa sobre las armas.

¿Cómo explicamos este lindo catálogo de armas? Hay varias explicaciones posibles:
1. Lo trajo algún niño desde su casa. Pero esto nos trae varios problemas. Primero, ¿cómo es posible que haya niños con este tipo de libros? ¿En qué están pensando sus papás? Y más aún, ¿por qué el catálogo pude verle dos veces, con tres días de diferencia? ¿Cómo es que las profesoras no se dieron cuenta y lo sacaron?
2. Lo trajo alguna de las profesoras de su propia cosecha. Pero en ese caso ¿qué tiene ella en la cabeza?
3. Nada de eso, esas armas son parte de las cosas que se les deben enseñar a los niños. Por lo demás, las estrellitas rojas en los tanques y aviones indican que quizás el PLA (People's liberation army) está detrás de esto.

La verdad es que nunca lo sabremos. Las profesoras de esa clase no hablaban una gota de inglés como para preguntarles. Tampoco volví a ver el librito, aunque no lo he buscado, sencillamente no está arriba de la mesa. Días depués hablé con una profe de otro curso que habla bien inglés y me dijo que no sabía, que eso no era parte de lo que se enseñaba, y que algún niño debió haberlo llevado.

Yo no sé qué pensar. Pero sólo les digo una cosa: cuando los chinos inicien la tercera guerra mundial, no digan que yo no les advertí primero.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Breves Chinas 3

En esta ocasión sólo voy a contarles una anécdota. Los viernes en la tarde trabajo haciendóle clases particulares de inglés a unos niños. Son tres niños de cinco años cuyas madres pensaron que era una muy buena idea hacerles clases de inglés los viernes de 6 a 7 y media, total (pensarán ellas), no es como que tengan derecho a jugar o algo así.
Pues bien. Un día llegué a la casa de uno de los niños (donde hago las clases) un poco adelantado. Y me quedé conversando con su mamá mientras el niño jugaba. A él le gustaban los legos, y en ese momento le arreglaba la cabeza a su última creación: Un Robot de 50 cms de alto con ruedas, armas, casco, etc. Un diseño que ni aunque me dedicara un año a los legos, yo sería capaz de lograr. Mirando eso la madre del pobre me dice: Mira a este niño, se dedica sólo a jugar con los Legos. yo quiero que estudie, no que siga haciendo esas tonteras.
¡Plop!
Moraleja China: niños, no desarrollen su creatividad, quizás eso los haga pensar y no queremos eso. Mejor estudie y repita como burro, que así será un miembro útil a su país.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Breves Chinas II. Hoy: sobre la manera de sentarse de los Chinos


Algo que me llama poderosamente la atención es ¿cómo se expanden las costumbres culturales? A alguien se le habrá ocurrido por peimera vez que los Domingo se comían empanadas, y ahí estamos, todos los Domingo comiendo empanadas. A alguien se le ocurrió que era buena idea tocar madera para que algo no pasara y, por alguna extraña razón, la idea prendió.


Esta reflexión tiene que ver con el breve chino de hoy. Pues a algún Chino, en alguna época se le ocurrió que para descanzar había que sentarse en los propios talones, poner las plantas muy firmes sobre el piso y echar los brazos y la cabeza para adelante. Inténtelo usted mismo en casa, yo no soy capaz. El hecho es que por razones misteriosas, algo de lo que yo nisiquiera soy capaz, se hizo costubre cultural de un sexto del planeta. Hubo un primer visionario y el resto, por alguna razón, lo siguió (y si la idea era taaan buena, ¿por que el resto del planeta NO lo siguó?).


El hecho es que la sentadita china está en todos lados. En las colas de los bancos, los supermercados, en los guardias que fuman y toman té, los niños que juegan, las viejas que pelan porotos en la calle, etc. Todo chino que está cansado repite el mismo ritual, y se pueden quedar así por horas y horas, fumando y mirando sin hacer nada más. Inténtenlo ustedes en casa, que yo ya perdí la paciencia.

martes, 31 de agosto de 2010

Breves Chinos I. Hoy: de la imposibilidad de generalizar a los chinos

Señores:
Como la presión por escribir es mucha y el tiempo poco, he decidido inaugurar mi nueva sección: Breves Chinas. Pocas líneas de escaso aporte que reflexan mis reflectivas reflexiones.

Hoy: de la imposibilidad de generalizar a los chinos.

Son tan raros los chinos que nisiquiera podemos generalizar con ellos. Me explico:

Vas entrando a una tienda que está vacía, y ves a los diez empleados sentados fumando. O llegas a mi condominio y vez al guardia echado todo el día, no siendo capaz siquiera de abrirte la puerta cuando vienes en bicicleta. O pasas por una construcción todos los días y nunca vez a nadie trabajando. ¡Por Dios que flojos que son los chinos! Pero la otra mitad de tu cerebro dice: flojos? pero si tú mismo vives al lado de una oficina y ahí están, trabajando, todos los días hasta las 11 de la noche. Y los del restaurant del frente siempre atendiendo, sean las cuatro o las nueve de la mañana, y la cajera del super, todos los días (fines de semana también) la misma vieja atendiendo, hasta que cierran el super a las diez. Entonces la otra mitad de tu mente dice: por Dios que trabajan los chinos!

Ejemplo dos: llegas a mi condominio, o caminas por algún pasaje y ves la basura botada, las puertas y muros sin pintar, el olor medio putrefacto y dices: por Dios que cochinos que son los chinos! Y ahí la otra mitad de tu mente alega... ¿cochinos? ¿acaso no los has visto limpiando piedritas del piso, una por una con cepillo de dientes? ¿acaso no te ha llamado la atencion lo limpio de las calles grandes y las tiendas? ¿acaso no has visto esos ejercitos de limpiadores dejando todo impecable?

Ejemplo tres: Vas en la calle y vez a los peatones cruzando cuando quieren, los taxistas idem, las motos contra el tránsito, o a favor del tránsito, o por la vereda, la gente caminando en medio de la calle y dices: ¿por Dios que desordenados que son los Chinos? Y ahí la otra mitad de tu mente salta... ¿desordenados? acaso no has visto a los guardias del metro marcar como si fuera la parada militar? acaso no as visto como cualquier transacción tiene miles de reglas y papeles? acaso no has visto que nada deciden porque todo lo consultan a su superior? desordenados? Pero si son 1.300 millones que trabajan como uno solo, y nadie alega!

lunes, 30 de agosto de 2010

Que continúa la historia de éste hidalgo en la playa de Shanghai, además de otras muy famosas aventuras.

Había dejado la historia de mi visita a la playa inconclusa. Si recordamos, lo último que había pasado era que el guardia pelusón me había tocado la puerta, para decirme a mí y a mi compañero de pieza que íbamos a los masajes. Yo le pregunte si se refería a masajes o “masajes” y él con toda soltura me respondió que hablaba de masajes verdaderos.

Bajamos entonces al estacionamiento del hotel, pero el bus que debía llevarnos no estaba. La verdad es que el ambiente era bastante raro. En el estacionamiento del LIH, dos chinos en un BMW fumaban y hablaban bajo, un viejo sentado en una mesa miraba, y no se oía más que el ruido de los pájaros que a veces cortaban el silencio. Así estuvimos, yo, mi compañero de pieza y el chofer peluson por cinco minutos, sin hablarnos (no era tan fácil en mi caso) ni hacer gesto alguno. Pero de pronto apareció el bus manejado por uno de los choferes. Al parecer, habia ido en una “misión de reconocimiento” y ahora volvía con novedades desde el frente de batalla. Nos subimos, entonces, los tres al bus y partimos. Las calles de Lampa se veían desiertas, y los más de 30 grados flotaban en el aire haciéndolo desagradable. En el camino, pasamos a buscar a algunos de los choferes que estaban en rincones perdidos, al parecer buscando la casa de masajes que nunca encontraron. Pero después de un rato llegamos a nuestro destino. Uno de los choferes se subio al bus y me dio un helado de piña. Hubiese sido un gran helado si a los chinos no se les hubiera ocurrido, por alguna razon, echarle sal.

Ahí mismo, mientras comía mi helado uno de los choferes me pregunta, apuntando a la casa que estaba frente a nosotros: Ni yao bu yao? (tu quieres o no). Sha me (que?) –pregunto yo. Zhega (esto) mientras hacia el gesto de un masaje… he zhega o esto, mientras hacia el gesto universal del sexo) Jaj, ja, ja… se rio el… zhega, dijo, mientras hacia el gesto sexual.

Habíamos llegado entonces, a una casa de remolienda, o de citas, o de fiestas, o de huifas (esta ultima expresion es mi favorita porque me imagino a un Viejo gritando huiiiifaaa). Para que lo tengan claro mis lectores, una casa de huifas china es, como su nombre lo indica, una casa. Acá no hay guardias con sombreros de copa, ni música, ni caños, ni asientos de terciopelo, ni copete… ni siquiera una luz roja que indique la naturaleza de la casa. Es, sencillamente, una casa.

Se bajaron allí, todos los choferes que habíamos ido recogiendo en el camino, y yo me quede en el bus junto con mi compañero de pieza. Mientras tanto, en una moto llegaban dos “refuerzos” femeninos que eran necesarios ante tal contingente de hombres. Siendo sincero, los refuerzos no andaban nada de mal. Pero nos quedamos en el bus un par de minutos, sin saber mucho que hacer. Hasta que, al fin, decidimos bajarnos.

Entrando en la casa llegamos a una especie de sala de estar angosta pero muy larga. En uno de los rincones, la regenta del lugar miraba una teleserie china. Poco más acá, en un sofá estaban sentadas las que boto la ola: la gordita y la vieja. Frente a ellas, habia un sillón donde yo y mi compañero de pieza nos sentamos. Por supuesto, el hecho de que yo fuera occidental causó furor entre las presentes, salvo la regenta que no se despegaba de su teleserie. Pero la gordita y la vieja de mostraron entusiasmadas, pues seguramente yo era el primer occidental que alguna vez ingresaba a tan respetado lugar de Lampa. La gordita entonces se me ofreció raudamente. “Yao bu yao” –repetia una y otra vez- “yao bu yao”. “Bu yao (no quiero)” le respondia yo. Ahi la gordita volvia a la carga…solo 100 yuanes (7 lucas) decia… muy barato. “Bu yao, repetia yo”. 90 yuanes!! Volvia a la carga. Solo 90 Yuanes. Entretando mi compañero de pieza y la vieja hablaban no se de que, aunque pude comprobar que algo decian de mi y de lo que hacia alli, y que no entendía lo que ellos hablaban. La gordita, por su parte, iba ya en 50 cuando se aburrió y se dedico a ver la teleserie.

Así pasaron una par de minutos en un silencio incómodo, hasta que una de las obreras del placer que estaba trabajando, apareció en la sala, colgó una llave en un colgador, conto unos billetes, le dio uno a la regenta y se sentó poco mas allá en la sala.

La verdad es que la nueva invitada andaba bastante bien: era muy delgada, usaba una mini, peto y pelo corto, y no estaba muy maquillada como suelen estarlo las chicas de esta profesión. Asi que la gordita, sabiendo que su colega era guapa se volvio loca. Creyendo que el problema con la transacción anterior habían sido sus kilos de más, o el hecho de que estuviera en piyama, repetía insistentemente apuntandola a ella y mirándome a mi: “Yao bu yao! Yao bu yao!” Cuando le conteste: “Bu yao!” Entonces definitivamente no entendió nada. Y mirando a mi compañero de pieza le pregunto (según creo): “¿y este? A que viene acá si no quiere nada con ninguna de nosotras?” A lo que él le contesto: Vino porque quería que le hicieran un masaje…. Jajajajajaj, carcajada general. Hasta la regenta, que hasta el momento no había participado, se reía de la estupidez el occidental, que llego acá pidiendo un masaje.

Por mi ridículo fue cortado de sopetón por las chiquillas que volvían junto con los choferes que, o bien eran de tiro corto, o bien tenían muy poca plata, porque no habrán estado más de 10 minutos con ellas. Así que todos subimos al bus, los refuerzos a su moto y volvimos al LIH, cuando no eran más que las 11 de la noche.

Al día siguiente, temprano en la mañana nos despertaron. La idea era hacer una de esas actividades “team building” del tipo, confía en tu compañero, comunícate con él, etc, etc. La verdad es que este tipo de “dinámicas” las encuentro profundamente vomitivas, y creo que la mejor manera de lograr ese “espíritu de equipo” debe ser hacer un gran asado con suficiente alcohol para que la gente empiece a decir lo que realmente piensa. Pero esas actividades, que en una empresa en Chile podrían resultarnos vomitivas, en China son todo un placer. La escena de esas actividades lúdicas en las que yo estaba metido, se parece a aquella escena de “Perdidos en Tokyo” en que Bill Murray está en medio de un programa japonés de concursos, donde él es el único que no entiende de qué se ríen todos. Esto era lo mismo. Estaba yo en medio de estas actividades extrañísimas, con unos monitores que hablaban y hablaban sin parar, y la gente que reía. Había que hacer cosas como equilibrar unos palitos entre varios, saltar de lámina en lámina siguiendo unos números, y otras cosas. Para peor, en el centro de convenciones del LIH el aire acondicionado estaba malo, así que todo esto era ante 40 grados de calor, con sonrisitas y discursos finales que yo no entendía.

Luego de eso almorzamos y nos volvimos a Shanghai, en uno de los fines de semana más extraños de mi vida.