jueves, 16 de diciembre de 2010

Día 10, 1 de Diciembre: Día KL, noche Iraní

Las famosas Petronas
Mohammad fumando Shisha.





Pese a ser la capital de Malasia, y a tener dos rascacielos que hace no mucho eran los más grandes del mundo, Kuala Lumpur es una ciudad no muy grande (dos millones de habitantes) y más bien tranquila. No es tampoco una ciudad muy antigua: Malasia sólo se formó (junto con la ciudad) hace 50 años cuando varios jeques decidieron armar este país que se define musulmán, pero acepta libremente una gran cantidad de personas de otras creencias y razas diferentes a la malaya (siendo las principales chinos e indios).
En Kuala Lumpur recorrimos un poco y nos juntamos con Pipe y la Fran, chilenos que habían trabajado junto con la Maca en el pabellón en la Expo. No hay muchas cosas memorables de ese recorrido, salvo el mercado centralo de KL, en donde existe una piscina con peces que te comen las partes muertas de la piel. Hay que pagar 750 pesos para meter 10 minutos los pies a la piscina. La verdad es que es un poco perturbador al principio sentir como cientos de peces te picotean la piel, pero tras un rato resulta ser más tolerable e incluso agradable.
En la noche fuimos con Pipe y la fran al pequeño Teherán (el departamento de los Mohammeds para los que aún no han entendido). Allí cociné mi especialidad casera chilena: pollo arverjado para todos los presentes. Acompañado esto de algunos tragos que uno de los Mohammads no tenía, para mi sorpresa, problemas en tomar (digo para mi sorpresa porque los musulmanes no pueden beber alcohol, aunque éste en particular no estaba muy preocupado por la religión). Luego de eso pasamos a fumar Shisha al estilo Iraní, escuchando también música Iraní. La noche estuvo muy entretenida y, al igual que antes habíamos estado por una noche en Portugal, estuvimos ahora por una noche en Irán.

Día 9, 30 de Noviembre: Bienvenidos a Teherán

La mañana siguiente fue aburrida. Levantarse, ir a cambiar plata, a buscar las visas chinas, hacer maletas e irnos al aeropuerto de Hong Kong. El destino: Kuala Lumpur, capital de Malasia. ¿La razón por la que íbamos para allá? Sencillamente porque no podíamos seguir en China sin visa, y éstas duran sólo un mes. Por lo tanto decidimos salir de China, dar una vuelta en los alrededores, sacar otra visa y volver dos meses después a China a recorrer el sur y volver a Chile. Así que el plan (muy poco estudiado por lo demás) era volar a Malasia, y subir por tierra por Tailandia, Cambodia, Laos y Vietnam hasta volver a China.
En Kuala Lumpur nos esperaba otro amigo couchsurfer: Mohammad Tagid. Él es un iraní que está estudiando un MBA en KL (como le llama todo el mundo). Así, tras llegar a Malasia y pasar por la inmigración, nos tomamos un bus hasta la estación central de KL, donde nos esperaba Mohammad para, en su cafichón auto, llevarnos a su casa, donde vive con otro iraní (también llamado Mohammad) y un Saudí llamado Abdullah.
La noche se nos pasó escuchando música Iraní, comiendo pistacho y hablando sobre Irán y sus maravillas. Pero sobre todo, apreciando la increíble hospitalidad de nuestros nuevos amigos. El “pequeño Teherán” resultó ser un muy buen lugar para estar.

(no hay fotos de este dia, fue muy fome)

Día 8, 29 de Noviembre: Cámaras y Sushis

Comiendo Sushi con Sean

La Noche Honknonesa




Sean es un Hongkonés que estudia medicina tradicional (léase china) y que tiene el objetivo de
conocer 50 países antes de los 30 años (lleva como 20 y tiene 25 años). El vive con su mamá y su hermano en un departamento minúsculo del Kowloon, pero es tan generoso que nos prestó la parte de abajo del camarote de su pequeña pieza para que durmamos. De hecho, esta era la segunda vez que dormíamos en su casa, puesto que meses antes, en nuestro primer viaje a Hong Kong para alargar mi visa de “turista” en China, ya nos había alojado.
Pues bien, el día en Hong Kong fue más bien aburrido. Las atracciones mayores de la ciudad ya las conocíamos por nuestro anterior viaje, así que esta vez nos dedicamos a tramitar una nueva visa para entrar en China (que no usaremos hasta dos meses más) y a comprar una cámara semi profesional que la Maca quería (Hong Kong es una de las ciudades más baratas del mundo para hacer esto). En eso se nos fue básicamente el día, aplanando las callejuelas de Hong Kong tapizadas de carteles luminosos, carritos de comida y bazares improvisados para encontrar la mejor oferta en cámaras fotográficas.
En la noche sólo nos juntamos a comer con Sean en un “All You can eat” de Sushi que sólo costaba 2 lucas chilenas.

Día 7, 28 de Noviembre ¿y a esto le llaman playa tropical?

Por mala que fuera la playa, la camara y la modelo eran buenas.
El famoso hotel Lisboa.





El despertar fue muy lento. Y el plan para ese día no era muy elaborado. Sencillamente queríamos dar algunas vueltas por la ciudad, y conocer quizás las islas de Taipa Y Coloane, pertenecientes también a Macao. En teoría las islas tenían playas, así que partimos directo allí cuando ya eran pasado las dos. En el camino, eso sí, había un par de cosas que llamaba la atención. Llegando a Taipa (después de atravesar un puente inmenso) estaba el Venetian Casino, que simulaba una calle de Venecia con sus canales, puentes y góndolas. Éste Casino es a su vez la copia de uno de Las Vegas, por lo que estábamos en frente de la copia de una copia. Sólo falta que en la copia feliz del Edén construyan una copia del Venetian de Macao para que el mundo termine de irse a la cresta.
Pero finalmente el busesito que nos llevaba llego a la playa de Coloane, de arena tirando a gris pedregosa, basura en la playa y gente bañándose con polera. En resumen: un desagrado, aunque nos sentamos en la arena a comer tutos de pollo que vendía una señora en un carrito-parrilla.
Ante ésta decepción volvimos a Macau a jugarnos la suerte al Casino Lisboa. Empate exacto entre nosotros y el casino pues salimos con lo que entramos. Y no hubo mucho más este día, volvimos a pasear por el centro de Macau. Comimos Churrascos exactamente iguales a los chilenos aunque sin palta, nos despedimos de Catarina con las clásicas promesas de reencuentro y partimos a Hong Kong, a casa de nuestro amigo couchsurfer Sean Yuen (dato para viajeros: couchsurfing.org es una red de personas dispuestas a recibir gente en sus casas gratuitamente a lo largo del mundo. Yo recibí a algunos en Santiago y por lo tanto tenía buenas referencias para que la gente me recibiera en Asia).

sábado, 4 de diciembre de 2010

Día 6, 27 de Noviembre: viaje eterno y noche de fado

Guitarrista de Fado

Bus Cama


El camino desde Xiamen hasta nuestro siguiente destino: Macau, estuvo lleno de incidentes molestos. Permítaseme la lata de hacer una cronología para trasmitirles parte del tedio que esto significó.

1:00 A.M: A las 11:30 había logrado quedarme dormido cuando la “azafata” del bus se largó a gritar como demente para que nos bajáramos. Había un control policial, y esta cosa chica de voz chillona, nos gritaba en chino para que nos bajásemos rápido. Fuimos los últimos en bajar del bus, lo que aumentó su enojo. Para peor, el control policial era sólo para los chinos, así que la despertada y los gritos fueron en vano. Por cierto, fuimos los últimos en subir al bus.

6:00 A.M: Sin haber podido dormir por culpa de la “azafata” que caminaba y me pasaba a llevar un pié cada vez que osaba quedarme dormido, llegamos al terminal de Shenzhen. Como todo se veía muerto y apagado decidimos esperar un rato.

7:00 A.M: Salgo en misión exploratoria para descubrir que estábamos en la frontera misma con Hong Kong, y que por lo tanto podríamos cruzarla caminando. Vuelvo donde la Maca para ir a buscar las mochilas.

8:30 A.M: Empezamos a caminar hacia la frontera.

9:00 A.M: Llegamos a hacer la cola del lado chino de la frontera.

10:00 A.M: Terminamos al fin de hacer las colas y pasamos a Hong Kong. Nos subimos al Metro.

10:40 A.M: después de varios cambios de línea y subidas de escalera (todo esto sin haber dormido, sin desayuno y con mochilas de 20 kilos en la espalda) llegamos al terminal marítimo de Hong Kong y compramos pasajesen ferry a Macau. El barco sale en una hora más.

11:40: Luego de un breve desayuno, y tras pasar por la aduana y las colas nuevamente, nos subimos al barco ultrarápido que nos lleva a Macau.

12:00: Llegada a Macau, empezamos a hacer la cola de la aduana.

2:00 P.M: Tras una insoportable cola de casi dos horas (con sueño y mochilas en la espalada, recuerden) terminamos de hacer la cola.

2:30 P.M: Llega en taxi al terminal Catarina (nuestra principal razón para haber ido a Macau). Ella es una portuguesa de Macau que conocimos en Gaobei, y que se ofreció a alojarnos en su casa. Al llegar la llamamos y se ofreció amablemente a irnos a buscar en su brake de almuerzo (ella es periodista y trabaja en la televisión de Macau)

3:00 P.M: Tras la agotadora jornada nos instalamos en la casa de Catarina.

Después de una pequeña siesta salimos a recorrer Macau, una ex colonia portuguesa muy extraña. Es un lugar muy pequeño, pequeñísimo diría yo, donde además de los chinos, viven grandes comunidades de indios, filipinos y portugueses. La arquitectura e portuguesa y todos los letreros están en portugués y chino, a pesar de que el 99% de la población no tiene idea de portugués. Además, la ciudad es conocida por ser “Las Vegas del este”. Acá los millonarios chinos y japoneses gastan sus fortunas en los enormes y extravagantes casinos. Tras el recorrido entonces, nos juntamos con Catarina para salir.

Primero fuimos a un restaurant chino con dos amigos portugueses de ella: uno era enfermero en el hospital, y el otro era quizás el guitarrista de fado más famoso de Portugal. El fado es la música tradicional de Portugal, es muy triste y suena como una mezcla entre música flamenca y tango. El guitarrista en cuestión se llama Paulo y compone y toca las canciones de una superestrella del fado llamada Katia. Luego de comer (una comida excelente, hay que decirlo) nos fuimos a un barcito portugués. Allí, por dos horas nos sentimos en Lisboa. Tanto la decoración, como la comida y las bebidas eran portuguesas. Toda la concurrencia era también portuguesa, y se saludaban alegremente cuando entraban al restaurant, cuestión nada extraña pues el número de portugueses viviendo en Macau no pasa de 3000. En esa atmósfera el dueño del restaurant (que estaba sentado en un rincón tomando oporto) le pidió al guitarrista que tocara algunas canciones. Él sacó entonces su guitarra portuguesa (que es muy especial porque es de cuerpo redondo, y diez cuerdas en cinco pares) y se puso a cantar los clásicos de Portugal. Todo el bar coreaba menos nosotros, pero la experiencia fue muy especial. Después de un rato, y con ayuda de las letras que Catarina me mostraba en su celular, yo mismo canté una canción dedicada a Lisboa. Al final, el guitarrista incluso nos tocó algo de Violeta Parra y Victor Jara, que fuimos capaces de cantar hasta donde la memoria nos daba.

Día 5, 26 de Noviembre: La isla europea y el bautizo chino.

Mi nombre en Chino: Di Jia
Macuca croqueando en Gulang Yu



Temprano en la mañana partimos al terminal a comprar pasajes en bus para Shenzhen, en la frontera de China con Hong Kong. Luego de eso partimos a la pequeña isla de Gulang Yu, frente a Xiamen. Como decía la isla es muy pequeña, pero está llena de atracciones. Despues de la guerra del opio, en la década de 1850, los chinos autorizaron a que aquí se instalaran los mercaderes de las potencias europeas. Así, ingleses, franceses, portugueses, españoles, holandeses, italianos y alemanes se instalaron en la isla y llenaron sus estrechas calles de casas grandes y bonitos parques. Hoy no queda acá ningún europeo (los explulsaron los japoneses en la segunda guerra mundial) ni tampoco vienen muchos turistas occidentales (sólo vimos dos), pero la isla sigue siendo muy interesante, por esa mezcla de arquitectura europea y gente, tiendas y comida china. Es muy recomendable acá almorzar en las calles del centro, donde la gente pone mesas en la calle y ofrece platos marinos por muy poco (un almuerzo puede costar mil pesos chilenos). Así, luego de divagar todo el día por la isla volvimos a Xiamen.

Mientras caminábamos de vuelta al hostal pasámos por la calle de los calígrafos de Xiamen. De pronto, nos quedamos mirando una tienda o taller, donde un profesor le enseñaba caligrafía a una niña. Como nos vieron sacando fotos nos invitaron a pasar. En mandarín y algo de inglés, logramos comunicarnos con el profesor, y otra profesora que ahí había, quienes nos invitaron a tomar té. Mientras estábamos en eso, nos preguntaron cuales eran nuestros nombres chinos, y cuando les dijimos que no teníamos procedieron a bautizarnos. Yo pasé a ser Di Jiao que significa “hermano mayor que ilumina la inteligencia”. La Maca pasó a ser Ma Ka, que por problemas idiomáticos nunca entendimos bien lo que significaba, aunque algo tenía que ver con el color café de su pelo. Luego, el maestro calígrafo procedió a escribir nuestros nombres en un pliego de papel de arroz, con el pincel y la tinta tradicionales. Los nombres quedaron increíbles, y esperemos que logren llegar a Chile para ser enmarcados.

Luego de esto nos fuimos al hostal a buscar nuestras cosas y partimos al terminal. Nos tocaba un bus cama. Lo que en china significa… un bus con camas. Por alguna razón este notable invento no ha llegado aún a Chile, pero es bastante cómodo y superior a la basura que en Chile venden como bus cama. Pero antes que pudiéramos quedarnos dormidos nos dimos cuenta de algo: nustros nombres chinos, úncio recuerdo de nustro bautizo que algún día estarían enmarcados en nuestra casa se habían quedado en el hostal. Hasta la fecha hemos hablado con ellos, que lograron ubicarlos y estarían en condiciones de mandarlos a Shanghai. Ojalá que así sea.


martes, 30 de noviembre de 2010

Día 4, 25 de Noviembre: De toures y tacos.

Los gallos y las viejas volvieron a despertarnos muy temprano al interior del Tulou de Gaobei. Por lo tanto, y ante la ausencia de ducha (ni baño, esto es la edad media, aunque no tanto porque el balde que lo suplía era de plástico y no bambú) nos levantamos tempranito a recorrer el Tulou. La arquitectura de este edificio era impresionante. Al enorme anillo exterior de 4 pisos (en el que dormimos nosotros, más precisamente en el tercer piso) se le sumaban cuatro anillos más al interior con cocinas, casas, bodegas y finalmente un templo taoísta. Ahora bien, a pesar de lo impresionante del lugar, el turismo había ciertamente robado algo de la magia original del lugar, y que aún conservaba Chuxi. En este Tulou la gente se dedicaba ya, casi exclusivamente al turismo. Esto es, a la venta de té, souvenirs, libros, dulces, y monitos plásticos made in china como los que se pueden comprar en la feria de Iloca. Aunque aún existían algunas viejitas que vivían su vida como siempre al interior del Tulou. Otra señal poderosa del efecto del turirmo es que si, por un lado, en Chuchi cualquier terreno cultivable estaba cultivado con pequeñas huertitas labradas a mano, acá muchos potreros lucían abandonados, al no haber nadie ya dispuesto a trabajarlos.

Por otra parte, a eso de las 11 hicieron su aparición magistral uno de los peores enemigos que cualquier visitante va a encontrar en China: los tures. Estos son encabezados por una joven china que las oficia de guaripola. Lleva una banderita y un pequeño parlante por el que no deja de hablar atropelladamente como si se acabara el mundo. Atrás de ella vienen 20 o 30 chinos sacándole fotos a cualquier cosa que se mueva, atropellándose y empujándose, gritándose de un lado a otro, bloqueando las puertas, las salidas, los pasillos, todo. Lo peor es que los chinos son tan programados que todos andan en tour. Cuesta encontrar alguno con el nivel de independencia suficiente como para conocer algo por su propia parte, pues sencillamente están habituados a seguir a la masa. Por lo mismo la cantidad de toures a eso de las 11 se hacía enfermante dentro del Tulou, y como habíamos recorrido la mayor parte de él decidimos escapar.

Una vez afuera recorrimos otros Tulou que había en los alrededores, almorzamos una típica comida china y pensamos que hacer a continuación. Las opciones aran 2: o bien nos íbamos a otro grupo de Tulous (el más grande y conocido) o bien nos escapábamos a Xiamen, en la costa sur de la provincia de Fujian. Por una serie de razones (entre ellas económica pues ir a ver los otros Tulou era muy caro) decidimos partir a Xiamen con cualquiera de los buses turísticos que había en el lugar, que volverían a Xiamen y que por un monto negociable nos llevarían también.

Y así lo hicimos, aunque el camino nos depararía algunas sorpresas. Los pasos montañosos por los que andábamos eran muy bonitos. De los cerros se descolgaban hacia las quebradas los bosques de bambú y las selvas. Abajo en los valles, las aldeas Tulou se multiplicaban en número, rodeadas de colinas aterrazadas sembradas de arroz y bananas. Viendo ese paisaje estábamos cuando de pronto el bus se detuvo en un taco. Más adelante se podía ver que la calle estaba tapada por rocas que habían caído desde un corte en el cerro que había en ese lugar. Primero pensamos que era un derrumbe, pero después descubrimos que había máquinas arriba del cerro tirando rocas al camino, y que luego un buldozer pasaría limpiándolo. En esa media hora de espera nos bajamos y nos hicimos amigos de unos daneses que por ahí andaban, y volvimos a hablar con una portuguesa de Macao que habíamos conocido hace poco en Gaobei. Cuando el buldozer al fin pasó, el camino todavía se veía algo inestable. En cualquier momento las rocas de arriba caerían y aplastarían a algún auto. Por eso todos los que hacían la fila esperaban que el camino se despejara, y luego pasaban muy rápido para no arriesgarse.

Después de eso al micrero se le acabó la bencina, aunque por suerte traía un bidón de reserva y pudimos seguir. Además el conductor se perdió varias veces en el camino, y dentro de Xiamen mismo, por lo que al final el viaje que debía ser de tres horas, terminó siendo de casi cinco. Llegando a Xiamen nos bajamos en un McDonalds para usar el Wi Fi, buscamos en internet un hostal y nos fuimos allá (tip: en internet decía que no habían habitaciones disponibles, pero en el hostal sí había, esto suele pasar).

He aquí una vista del taco que nos comimos



Y de los Tulos por fuera
Y por dentro.