jueves, 25 de noviembre de 2010

Crónicas viajeras 2- Longyang- Chuxi Tulou Vilage



Día 2 (22 de Noviembre): Longyang-Chuxi Tulou Vilage

A las 6 de la mañana nos despertaron las luces del tren, junto con una música pop bastante insoportable. A éste hora comienza la vida en China, y ante eso no hubo más que adaptarse (aunque tipo 9 volveríamos a quedarnos dormidos). El paisaje por el que avanzaba el tren era una región montañosa típicamente china. Pero ésta tenía varias particularidades. Primero: a pesar de estar en el campo, las casas de la gente en muchas ocasiones eran edificios de tres o cuatro pisos, que se elevaban entre los campos sembrados de arroz (en las zonas bajas) y té (en las zonas altas). Además, cada cierto trecho se aparecía una gran industria, en medio de la nada, con sus chimeneas tirando humo al cielo (bueno, en alguna parte tienen que fabricar todos los made in china. Junto con eso, impresionaban las obras de infraestructura en construcción. Aquí y allá se elevaban puentes y túneles a medio terminar, tan grandes como jamás había visto. Se nota que el gobierno chino tiene mucha plata, y que quiere invertirla en infraestructura. Cada cierto tiempo también, y en medio de la nada, aparecían pueblos y ciudades no muy grandes (tipo Molina) pero con edificios de 20 pisos. Por último, otro asunto extraño del paisaje era la intensidad con la que se cultivaba la tierra: cualquier rincón era útil, y eso incluía la orilla misma de la línea del tren, o el metro de tierra entre una vía y la otra.

A cierta hora nos dio por recorrer el tren. Queríamos ir hasta el coche comedor para (pese a que llevábamos comida) ver qué tenían ellos que ofrecer para comer o tomar. Recorrimos entonces más de 7 carros de este tren, que eran estrictamente iguales salvo por el de primera clase, con piezas individuales de 4 camas más anchas y blandas que las nuestras. Cuando llegamos al restaurant, eran justo las 12: hora estricta e almuerzo china. Pero no había ningún cliente, todo lo que se veía eran 5 o 6 mozos (para 8 mesas) un par de guardias, y unas señoras cuya profesión ignorábamos. Todos ellos se repartían por el restaurant, echados en las butacas tomando té y fumando (pese a que había por lo menos 5 advertencias de no fumar). Cuando quisimos sentarnos en una de las mesas con mejor vista y luz, nos llegaron a preguntar lo que queríamos, y viendo los platos que ofrecían, les dijimos que no queríamos nada. Entonces nos corretearon de las mesas diciendo que eran para comer. ¿quién?- pregunté: ¡aquí no hay nadie! Es para que comamos nosotros –nos dijeron los mozos. Ante tan brillante argumento optamos por no pelear y nos pusimos en un rinconcito, mientras ellos se repartían en las butacas, echados como si nada.

Después de varias horas llegamos al fin hasta nuestro destino: Longyang. Cuando ya eran las 4:50 de la tarde. Nuestro destino era incierto. Sabíamos que queríamos ir a conocer los Tulous: enormes casas de barro circulares, perdidas entre las montañas de la provincia de Fujian, en las que viven de forma comunitaria grandes grupos de una etnia particular llamada los Hakkas. El problema de llegar a ellas es que en guías turísticas como Lonely Planet, e incluso en internet, la información es más bien escasa. Y por lo tanto, llegamos a Lonyang sin saber mucho qué hacer a continuación. Sabíamos eso sí que los Tulous se encontraban en el condado de Yonding, y por lo tanto, llegando a Lonyang preguntamos si había algún bus al pueblo de Yonding, para ver si desde allí podíamos llegar a los Tulous. Nos mandaron entonces al terminal de buses en una moto-taxi, que por 4 yuanes (advertencia para el futuro: el yuan vale aproximadamente 75 pesos chilenos) nos dejó en el lugar. Pero en el terminal ya no había buses, el último había salido 20 minutos antes.

Por lo tanto nos vimos en la posibilidad de, o bien buscar donde alojar en una ciudad que no tenía absolutamente nada atractivo, o buscar la posibilidad de llegar a los Tulou como fuera. Optamos por lo último y nos dedicamos a parar taxis hasta que conseguimos uno que se ofreció a llevarnos por 200 yuanes a un grupo de Tulous que elegimos al azar entre los que teníamos escritos en una lista: ese era Chuxi.

Luego de más de una hora por un camino imposible de malo, y con empacho del taxista incluido, quien se negaba a seguir llevándonos a menos que le pagáramos más plata, llegamos a Chuxi cuando eran las 7 P.M, hora que en el campo chino es ya noche plena y la gente duerme, por lo que difícilmente había alguna luz encendida en el pueblo. Pero por suerte había una, y era una residencial que se ofreció a alojarnos por 80 yuanes. EL taxi y el alojamiento salieron algo caros, pero por haber llegado tarde nos libramos de pagar la entrada el pueblo, que costaba 70 yuanes por persona, y por lo mismo, el negocio terminó siendo beneficioso.



Cronicas Viajeras 1


Un Chileno en Shanghai ya no está en Shanghai. Dejé atrás los niños chinos y salí a recorrer (acompañado por supuesto). Pero como el blog a tenido un relativo éxito, casi tan grande como el de René de la Vega en sus mejores tiempo, he decidido mantener el nombre y mostrarles mis crónicas viajeras... que las disfruten.

Día 1 (22 de Noviembre): De Shanghai a Longyang.

Terminar de desocupar nuestro departamento fue una odisea. 7 meses de vida en Shanghai se arrumaban en cajones y repisas. Muchas de las cosas que, por ese afán humano de la recolección, fuimos juntando, ahora se mostraban como recuerdos inútiles, no necesarios para la vida nómade que ahora llevaríamos.

Pero al fin, tras botar, regalar y guardar, estuvimos listos para dejar Fumin Lu 61. Nuestra vida se redujo entonces a dos mochilas de aproximadamente 20 kilos (muchos de los cuales serían comidos o bebidos pero reemplazados por otras cosas). Con eso en la espalda tomamos el metro de Shanghai, y partimos a la estación de trenes.

Los trenes chinos son de muchas categorías; los hay de levitación magnética que pueden llegar a 450 kms. por hora, trenes bala, que llegan a 250, y trenes más humildes que llegan a 120 o menos kms. por hora. Nuestro tren era de los que llega a 120, y luego de una breve espera (y una comida en un “McDonalds” de comida japonesa) nos subimos a él. Nuestros asientos eran en realidad unas literas, de no más de 60 cms. de ancho que se elevaban por el tren en líneas de tres. Para subirá las más altas había que montarse en una pequeña escalinata que hacía de la operación algo un poco circense.

A nosotros nos tocó en una litera de las más bajas, y la siguiente hacia arriba. Frente a nosotros teníamos unos vecinos con los que tratamos de comunicarnos algo en nuestro rudimentario chino. No había más occidentales en este tren.

A las 9 apagaron las luces y tuvimos que hacer hora para que el sueño nos venciera, a eso de las 11.



domingo, 21 de noviembre de 2010

Breves Chinas: del clima de Shanghai

En Shanghai corren dos vientos. De Mayo a Septiembre corre viento sur. Eso significa que el aire húmedo y cálido del trópico llega a Shanghai. Eso implica calor, mucho calor, y humedad, mucha humedad. Así por ejemplo, la ropa se tiende pero no se seca, y todo se llena de hongos. Desde la puerta del refrigerador hasta las zapatillas del closet. El pan de molde hay que comerseleo en dos días o se pone verde, y se transpira tanto que hay que tomar agua todo el día.
Pero el 23 de Septiembre el viento corre norte, viento que baja desde las estepas siberianas. En cosa de dos días el ambiente se seca y el calor pasa a ser frío: mucho frío. Yo fui el 22 de septiembre, en chalas y polera, a comprar una chaqueta. Al día siguiente la estaba usando. Y nuestro aire acondicionado estuvo sólo una semana apagado. Luego de eso pasó a servir de calefacción.

La Odisea del Iphone, parte 2 y final.

4 P.M: Partimos de nuevo abajo donde nos configuraron el celular nuevamente: 20 minutos de espera. Los vendedores originales brillaban por su ausencia. Al final el celular estaba listo. Lo analizamos y todo parecía bien pero cuando creíamos que la historia se terminaba, nos dimos cuenta de que faltaba algo: el celular ya no tenía wi- fi. Nada grave, dirán algunos, pero si te compras un iphone, lo mínimo es que venga con todo lo que promete, si no es un verdadero fiasco. Volvimos a llamar entonces a nuestro amigo el vendedor para ver que podíamos hacer. Como se presume, otra batalla campal se venía. Gracias a un improvisado intérprete pudimos ir subiendo el tono de la conversación paulatinamente.

-Esto no tiene WI FI

-No es problema mío

-Pero si tú nos lo vendiste.

- Bueno, paguen y se los arreglo.

-No te vamos a pagar nada ¿que no entiendes?

Bueno, para que seguir, los minutos pasaban y él seguía sin querer responder. Pero al final parece que se cansó y nos dijo: bueno, vayan de nuevo a arreglarlo y no tienen que pagar.

5 P.M: Vuelta al edificio donde arreglaban. Vuelta a hacer cola en el ascensor. A esas alturas la cabeza ya nos dolía. Llegamos al fin a la oficina de arreglamiento de celulares, y esperamos 15 minutos más a que nos arreglaran el nuestro. El mismo chino con físico de alfeñique tomó el celular -en esa oficina enana donde emanaban vapores tóxicos- y procedió a abrirlo y nuevamente cambiarle el chip.

6 P.M: Vuelta a la tienda de abajo y vuelta a configurar. EL celular seguía sin WI FI. Y ¿ahora qué? Fuimos a buscar a nuestro amigo el vendedor, y el con mucha soltura de cuerpo nos dice: bueno, quédense con el celular son Wi Fi, o devuélvanmelo y yo los pago la mitad de la plata. Para que repetir otra pelea como las anteriores, era como hablar con una pared. La racionalidad se había mandado a cambiar y este tipo era totalmente incomprensible.

Pero por suerte nosotros atinamos a hacer algo. Fuimos a buscar al supervisor del Mall (cosa que debimos hacer mucho antes) y hablamos con él pidiéndolo que intercediera por nosotros para que nos devolvieran la plata. Al principio se mostró un poco negativo, pero con el tiempo la cosa se fue arreglando. Pero seguía siendo chino, y como veíamos, los chinos no argumentan sino que buscan puntos medios. Y él nos ofreció que devolviéramos el celular a cambio de, no la mitad, sino tres cuartos del precio. No, por supuesto, fue la respuesta. Luego fue subiendo el monto que él conseguía negociar hasta que, finalmente, llegó al precio pagado y devolvimos el celular. La operación había terminado al fin. Eran las 7:15 P.M.

Algunas preguntas surgen de todo esto. Primero: ¿si a la larga nos iban a devolver la plata, por qué esperar tanto rato y discusión para hacerlo? La respuesta: porque en china las cosas se hacen periférica, no directamente. En occidente tendemos a fijarnos objetivos y metas. Hay algo que queremos conseguir, y vamos a él. Yo quiero comprar una bicicleta y tu vendes una, la vemos, negociamos el precio y ya está, para qué perder más tiempo. Pero los chinos no van al grano, ellos analizan todas las situaciones de manera contextual y por eso deben dar grandes rodeos antes de hacer cualquier cosa. Así, si yo quiero comprarte algo debo saber quien eres y por qué, y debo establecer una relación social contigo. El mundo chino está compuesto de relaciones entre objetos o sujetos, más que de sujetos y objetos. En concreto: en cualquier negocio viene primero la relación entre nosotros y después, sólo después viene el objeto. Es por eso que un chino no te va a tirar su mejor oferta dentro de los primeros 5 ni 15 minutos. En muchas ocasiones debes hacerte su amigo, emborracharte con él y él recién ahí te dará un buen precio. Y en este caso… su percepción de nosotros era negativa. Nosotros cometimos el error de entrar con demasiada violencia a pedir lo que creíamos justo. Pero ante eso el chino piensa: ¿y éstos quienes son? Alguien con más experiencia pudo haber reducido la odisea desde 8 a 1 hora, y eso se logra con guanxi. EL guanxi es la apreciación social que se tiene por un individuo, y que le permite la realización de favores y un cierto margen de negociación.

Por ejemplo, en mi jardín trabajo yo y otro profesor gringo. El gringo lleva menos tiempo que yo, no ha ido a reuniones ni convivencias con los otros profesores (como yo) y su clases no son, al parecer, tan buenas como las mías. Así cuando él falto por estar enfermo le pidieron certificados médicos (él no tiene guanxi) pero cuando yo falté por estar enfermo no hubo drama, e incluso me dijeron que podía pedir permisos para salir de vacaciones cuando yo quisieria (poque yo sí tengo guanxi). En conclusión, las reglas no son parejas, sino que cambian cuando hay guanxi.

En el caso del celular, nosotros no construimos guanxi, no construimos confianza, no rodeamos la situación sino que fuimos al ataque de forma directa. Y eso provocó desconfianza y pocas ganas de colaborar. Porque en china, para bien y para mal, siempre hay que rodear a la presa, nunca atacarla de frente.

martes, 16 de noviembre de 2010

Pequeños triunfos

Mi trabajo es cansador. Muy cansador. Un día normal se inicia con un bailecito a las 8:50. Yo bailo y los niños me copian. En teoría es la misma coreografía todos los días, para que los niños se la vayan aprendiendo de a poco. Ahora, como yo no he sido capaz de aprender la coreografía, entonces el baile cambia todos los días, así que está un poco difícil que los niños se la aprendan.
Después de eso, a las 9 parte mi primera clase a niños de 3 a 4 años. Dura sólo 15 minutos pero hay que ponerle un entusiasmo loco para que los niños no se distraigan. Y además viene, después de esa otra de 15 y otra más. Luego dos de 20 minutos para niños de 4 a 5 años, y al final de la mañana, dos clases de 30 minutos para niños de entre 5 y 6. Bueno, eso es sólo la mañana. En la tarde viene una clase de 30 minutos con niños de 5, y luego 3 clases de 15 minutos con niños de 2 (sí, dos) a 3 años.
En todas estas clases hay que tener mucho ánimo. Una cara de lata, o de sueño o una falta de entusiasmo pueden significar la debacle: la anarquía infantil es trágica. En esas ocasiones los niños pierden el control, juegan por su cuenta, gritan, corren, se pegan, lloran, hacen montoncito, me roban las cosas, sacan la tortuga de su acuario, etc, etc. Esa anarquía se evita con control. Y ese control se adquiere con entusiasmo: no hay que dejar jamás que los niños se aburran o empezarán a entretenerse por sí sólos. Y es esa mantención del entusiasmo lo que agota.

Pero pese al cansancio puedo contar con algunos pequeños triunfos, que ayudan a sobrellevarlo: por ejemplo, una niñita le temía a los extranjeros. Cada vez que yo entraba a la sala ella lloraba desconsolada, no había caso. Y había sido así también con el profesor extranjero anterior, y con el anterior. Conmigo también lloró al principio. Luego se fue calmando, callaba pero no lloraba. Después de a poco empezó a reir, y hoy participa como cualquier otra niña. Eso lo logré haciéndola jugar y olvidarse de su temor.
También hay un niño que es enfermo. No habla, no participa, no entiende nada (creo que tiene autismo). Él está en su propio mundo paralelo, juega con juguetes pero nadie le habla, no canta las canciones que todos saben, no hace caso a las instrucciones de sus profesoras. Conmigo era lo mismo: un ente. Pero una vez, mientras yo cantaba una canción con mucho entusiasmo lo ví pararse, aplaudir y ponerse a bailar. Sólo fue un minuto y volvió a lo suyo pero logré conectarlo aunque fuera por un momento.

También tengo un curso desastre. Desastre desastre. No lo digo yo, lo dice cada profesora que ha pasado por allí. A mí me pasó lo mismo. Llegaba yo a la sala y corrían, me pegaban, se empujaban. Los gritos de "sit down" se los comían con palitos, no había caso. Mi estrategia fue entonces hacerles juegos intensos, físicos y movidos pero que los hicieran pensar. Darle órdenes como "touch the door" para que corran y se apelotonen, pero haciéndome caso. Y puedo decir que ya no tengo problemas con ese curso, siguen siendo inquietos pero ahora están expectantes de la actividad que les voy a hacer, cualquiera que ella sea.

Además, dentro de ese curso el líder negativo se llamaba Steven. Yo lo retaba mucho, pero también lo hacía participar mucho para darle atención. Cuando había que llamar a alguien adelante, era a él, era mi foco de atención. Y después de todo la estrategia funcionó. Ahora se porta mal, aunque no tanto como antes... y pidió cambiarse su nombre en inglés de Steven a Diego, lo cual fue aceptado por sus papás y profesores. De aquí en adelante, cuando se encuentre con algún occidental se va a llamar Diego.

Ya me queda sólo una semana de este extraño trabajo. En mi curriculum dirá: profesor de inglés de kindergarden en Shanghai, China. ¿A qué empleador puede interesarle eso? No he aprendido ningún conocimiento específico, pero me di cuenta de las cosas que puedo ser capaz. Puedo. pararme frente a niños de 5 años sin tener idea de su idioma, y hacerlos pasarlo bien y aprender inglés. Eso demuestra que puedo hacer muchas otras cosas, que creo que son más fáciles que ésta

martes, 19 de octubre de 2010

La Odisea del Iphone: parte 1.

La Maca decidió comprarse un Iphone acá en China. El precio no era ni comparable con el que tienen estos chiches en Chile (aunque igual era importante) y tras ver todas las maravillas que podía hacer el aparatito que ya se había comprado una amiga, decidió que era buen momento de hacerlo. La acompañé yo entonces al mall de los teléfonos: un lugar enorme donde habían cientos de mini-puestitos que representaban, cada uno, una tienda distinta. La transacción la hicimos en la tiendita de una china muy amable que trabajaba con su pololo y que hablaba muy buen inglés (el pololo, que era el que mandaba, no hablaba ni una gota). Comprado el aparatito entonces, nos fuimos a la casa, y se dedicó la Maca a meterse a Internet y bajarle todas las respectivas aplicaciones al bicho este. Pero cuando no tenía más de tres días de antigüedad pasó algo: lo enchufamos al computador y éste nos pidió si queríamos actualizar el software del teléfono, a lo que inocentemente dijimos que sí. Error: luego de instalarse el software el celular se bloqueó y no quiso seguir funcionando, así que decidimos en el acto ir a la tienda que nos lo vendió para que lo arreglaran. A continuación voy a contar los detalles de esa Odisea por la que tuvimos que pasar, y aunque pueda parecer tedioso (sólo imagínense el tedio nuestro) es importante para entender cómo piensan los chinos y por qué diablos somos tan diferentes a ellos.

Día 1:

8 P.M.

Llegamos a la tienda que nos vendió el Iphone a explicar la situación. Nuestro objetivo era, o bien, que lo arreglaran, o que nos dieran uno nuevo o que, por último, nos devolvieran la plata. Le explicamos a la chinita que hablaba inglés lo que había pasado y ella, con toda amabilidad, nos acompañó a otra tienda en la que lo vieron. Luego de unos minutos nos dijeron: para arreglarlo tendrían que pagar 300 yuanes (unas 22 o 24 lucas chilenas).

-Perdón, no están entendiendo -respondimos amablamente- no vamos a pagar nada para que lo arreglen, ustedes fueron los que no nos dijeron que el celular no se podía actualizar.

-Lo siento, tienen que pagar -respondió ella-.

Ante eso le sacamos un kilo de argumentos: -a ver, el celular es original, y lo vendes con garantía, le pirateas el software sin que nosotros sepamos y después se bloquea, ¿tú me dices que no lo vas a arreglar?

Ante estos argumentos ella no respondió, y la conversación subió de tono: -Me lo arreglas ya! -Le dijimos-. Ya! Ella estaba callada. -¿No tienes nada que decir? Lo arreglas ahora y gratis! Es tú culpa lo que pasó!

Luego llegó su pololo a ver que pasaba y nos miró con cara de: “no hay nada que pueda hacer”. Ahí la discusión subió de tono, llegando incluso a los empujones: es que me lo pagas – es que no – es que me lo arreglas – no es problema mío. Ante tantos gritos, un círculo de mirones se acercó. Entre ellos por suerte venía un gringo que hablaba bien chino y actuó como mediador. Entre otras cosas, nos explicó que los Iphone no tenían contratos con compañías chinas y que, por lo tanto, acá hackeaban el software para poder ocupar el Iphone como teléfono. Pero cuando uno actualizaba el software, no sólo se perdía el hackeo sino que además, el aparato se bloqueaba y para arreglarlo había que cambiarle la placa madre o, en otras palabras, “dentrar a picar”. Gracias a la mediación del gringo entonces, ellos se comprometieron a hacer algo cuando los visitaramos al día siguiente. Estuvimos una hora exacta reclamando esa noche y todavía faltaba un día casi entero de alegatos.

Pero antes de pasar a esa jornada maratónica, conviene analizar un poco lo que pasó. A mi entender, hubo un choque cultural básico en la escena anterior.

Ocurre que los occidentales argumentan, los Chinos no. Según Fung Yan y otros, esto tiene un origen geográfico. Pues mientras Grecia (cuna de la cultura occidental) era un país básicamente marítimo y comercial, la antigua China era mediterránea y agrícola. Esto tiene como consecuencia que en Grecia era común tener que negociar con personas que culturalmente estaban muy lejanos. Un mercader ateniense tenía que vérselas con Fenicios, Egipcios, Persas, Sicilianos, Macedonios, etc. Y todos ellos pensaban y reaccionaban distinto. Por lo tanto, para llegar a ponerse de acuerdo los griegos inventaron la argumentación. Usted respalda su posición y yo respaldo la mía, y el que lo haga mejor se queda con el premio mayor. En China, por su parte, había básicamente agricultores que se las veían con otros agricultores; todos chinos. Lo que primaba entre ellos entonces, era la búsqueda de una vía media para resolver conflictos, pero nadie perdía su tiempo argumentando (por lo mismo, los filósofos chinos no tenían lógica, pues sin argumentación no hay lógica).

Lo que pasó en la tienda entonces, es que mientras nosotros presentamos varios argumentos para respaldar nuestra posición: “el celular es nuevo, tiene garantía, ustedes no nos avisaron sobre la actualización, no teníamos por qué haber sabido eso de antemano, si yo compro algo y ese algo no funciona exijo que me devuelvan la plata, etc”. Ellos se limitaron a decir: “no es problema nuestro”. Ahí no hay argumentos, sólo están estableciendo su posición, y ellos se quedaron esperando que nosotros les dijéramos: "bueno, no te vamos a dar 300 por arreglarlo pero te damos 100". En definitiva, lo que ellos querían no era argumentar, no era inclinarse por una de las posiciones encontradas, sino buscar una vía media para solucionar el conflicto. Por cierto, esa vía media tampoco coincidía con nuestro concepto de justicia y estaba, por lo tanto, destinada a fracasar.

Día 2:

1 P.M: Llegamos nuevamente a la tienda. La chinita buena onda que antes nos trataba también ahora no nos hablaba. No sólo eso, no nos miraba tampoco. En lo que quedaba del día no iba a volver a considerarnos personas existentes porque el día anterior la habíamos retado en un tono alto y, en consecuencia, había perdido la cara. Que un chino pierda la cara significa que ha perdido su honor en una relación con alguien.

Me explico: la ética china mantiene que las emociones no pueden manifestarse efusivamente. Tú no puedes salirte de tu cordura y si alguien lo hace, y por ejemplo, si se enoja y grita efusivamente, significa que ha ocurrido algo muy grave. Cuando eso pasa la persona que ha sido reprendida siente que el vínculo social que mantenía con el otro ya no puede mantenerse y, en consecuencia, deja de relacionarse por completo con él (no sé si indefinidamente o por un tiempo). La "cara" representa un lugar en una red social, y el "perderla" implica no satisfacer las expectativas sociales que se tienen (en este caso, no satisfacer la calidad de vendedora). Nosotros que somos latinos aceptamos los retos y peleas como parte de toda relación, y el honor no es algo que se pierda entre nosotros con tanta facilidad, pero los chinos no pueden salirse de sus casillas (lo que no implica que no puedan ser crueles y autoritarios como a veces lo son, pero siempre manteniendo una expresión facial neutra). En consecuencia, el reto de la noche anterior había significado que ella perdiera la cara, y que no pudiera entonces volver a comunicarse con nosotros.

Por alguna razón, eso sí, su pololo al parecer no había perdido la cara pese a que le habían llegado unos retos más o menos fuertes (quizás porque él no había vendido el celular y no se sentía responsable del problema, no era "su" deber social el que había fallado), y el hecho es que tomó el celular, y se lo pasó a un amigo suyo para que lo arreglara. Su amigo lo enchufó en el computador y tecleó un par de cosas. Luego nos dejó esperando.

2 P.M: Una hora después, el teléfono estaba listo y nos lo pasaron con cara de: con esto ya no pueden alegar. Lo revisamos pero… no tenía señal, ni se conectaba a internet, y ni siquiera reconocía los contactos que había en el chip. En definitiva, se había convertido en un IpodTouch, pero ya no era un teléfono. Volvimos a hablar con el chino de la tienda y nos dijo algo en chino que no entendimos. Luego fue llegando más genta y hablaba en chino. Ninguna posibilidad de entendernos. Al fin, llamé al gringo de la noche anterior, quien me había dado su teléfono y me había dicho que lo llamara en estos casos. El habló con los chinos y me dijo que la situación era la siguiente: ellos nos ofrecían quedarnos con el celular en el estado que estaba, o pagarles 300 yuanes para que lo arreglaran. En definitiva: no habíamos avanzado nada. Pero ellos claramente no sabían con quien se estaban metiendo. Les dijimos que no íbamos a pagar y allí nos quedamos, sin movernos. Tampoco podíamos discutir mucho por el problema idiomático, por lo que más que nada nuestras caras lo decían todo. Finalmente apareció otro chino que hablaba decentemente inglés, y después de negociar durante mucho rato, conseguimos que aceptaran arreglarnos el celular gratis.

3 P.M: Partimos entonces, con otro chino más, a un edificio cercano a arreglar el celular. Había que hacer una cola de 10 minutos sólo para poder tomar el ascensor, y nuestras caras de lata ya no podían ser peores. Al fin llegamos a un sucucho caluroso donde cuatro chinitos se dedicaban a abrir celulares y arreglarlos. Su precisión era increíble. Uno tomó el Iphone, lo abrió y con un mini soplete apuntó a un chip de 1x1 cm. Luego lo sacó y tomó otro chip al que le puso estaño y cosas raras para soldarlo en el punto exacto, con todos los conectores necesarios.

Continuará....

martes, 5 de octubre de 2010

La increíble historia que no voy a revelar en el título

Cada vez que empiezo a escribir algo en este blog tengo que partir por disculparme. Entiendo que hay muchos allá que quieren leer qué pasa en este extraño mundo llamado China, y que mis actualizaciones no son todo lo frecuentes que debieran serlo. Pero bueno, hay mucho que hacer por acá también y las obligaciones y panoramas se atropellan y superponen. A partir de ahora, eso sí, no pido más disculpas: gústele al que le gústele escribo cuando quiero.

Lo de hoy es una de las historias más curiosas que me ha ocurrido en China. Tenía que hacerle clases a uno de los cursos más chicos, vale decir, niños de tres y a veces dos años. Con estos niños en especial la pega es difícil. Por supuesto que ellos no hablan inglés, y como yo no hablo chino la comunicación es mínima. Las profesoras no son un gran aporte tampoco y no me traducen cuando tienen que hacerlo, y cuando trato de hablarles, a los niños, mi rudimentario chino ellos parecen no entenderme (en el chino la pronunciación es muy difícil, y un pequeño cambio modifica el sentido de todo). Además de lo anterior, los niños son muy inquietos, y lograr que estén sentados y escuchándome es algo muy complejo. En resumen: en 4 meses no he logrado pasar más allá de los colores, y todavía no se los saben.

Pero bueno, mi punto era otro. Un día llegué a clases como de costubre, pero los niños estaban comiendo en la sala (comen en varias horas del día y las profesoras a veces se atrasan y sus comidas coinciden con mis clases) el hecho es que como ellos estaban comiendo, empecé a intrusear por la sala. Lo que encontré es lo más increíble que alguien pueda imaginarse. En una mesa había varios libros de cuentos: eran sobre conejitos, tortuguitas o monitos de Disney, nada extraño, pero de pronto, uno de los libros llamó mi atención. En su portada se veía un lindo revolver Magnum dibujado, con unas letras chinas arriba diciendo algo. Pero lo de adentro era peor. En la primera página había otro revólver (no sé de que tipo en realidad) que se mostraba con sus balas sobre una mesa. Luego venía un lindo cuchillo de estilo Rambo. Después, una subametralladora Uzi con todas sus balitas colgando, después algo más lindo todavía, una AK47 también con todas sus balas, después otra metralleta más grande aún con todas sus balas. Pero eso no era todo. En la página siguiente podíamos ver un helicóptero apuntándonos con sus dos metralletas a los lados, luego un F 16 que soltaba un misil. y por último un lindo tanque. Lo bonito de los últimos juguetitos era que tenían una gran estrella roja comunista pintada en ellos. Cada una de las páginas estaba, además, acompañada de un dibujito abajo de un niño chino que decía algo, vale decir, explicaba alguna cosa sobre las armas.

¿Cómo explicamos este lindo catálogo de armas? Hay varias explicaciones posibles:
1. Lo trajo algún niño desde su casa. Pero esto nos trae varios problemas. Primero, ¿cómo es posible que haya niños con este tipo de libros? ¿En qué están pensando sus papás? Y más aún, ¿por qué el catálogo pude verle dos veces, con tres días de diferencia? ¿Cómo es que las profesoras no se dieron cuenta y lo sacaron?
2. Lo trajo alguna de las profesoras de su propia cosecha. Pero en ese caso ¿qué tiene ella en la cabeza?
3. Nada de eso, esas armas son parte de las cosas que se les deben enseñar a los niños. Por lo demás, las estrellitas rojas en los tanques y aviones indican que quizás el PLA (People's liberation army) está detrás de esto.

La verdad es que nunca lo sabremos. Las profesoras de esa clase no hablaban una gota de inglés como para preguntarles. Tampoco volví a ver el librito, aunque no lo he buscado, sencillamente no está arriba de la mesa. Días depués hablé con una profe de otro curso que habla bien inglés y me dijo que no sabía, que eso no era parte de lo que se enseñaba, y que algún niño debió haberlo llevado.

Yo no sé qué pensar. Pero sólo les digo una cosa: cuando los chinos inicien la tercera guerra mundial, no digan que yo no les advertí primero.