martes, 31 de agosto de 2010

Breves Chinos I. Hoy: de la imposibilidad de generalizar a los chinos

Señores:
Como la presión por escribir es mucha y el tiempo poco, he decidido inaugurar mi nueva sección: Breves Chinas. Pocas líneas de escaso aporte que reflexan mis reflectivas reflexiones.

Hoy: de la imposibilidad de generalizar a los chinos.

Son tan raros los chinos que nisiquiera podemos generalizar con ellos. Me explico:

Vas entrando a una tienda que está vacía, y ves a los diez empleados sentados fumando. O llegas a mi condominio y vez al guardia echado todo el día, no siendo capaz siquiera de abrirte la puerta cuando vienes en bicicleta. O pasas por una construcción todos los días y nunca vez a nadie trabajando. ¡Por Dios que flojos que son los chinos! Pero la otra mitad de tu cerebro dice: flojos? pero si tú mismo vives al lado de una oficina y ahí están, trabajando, todos los días hasta las 11 de la noche. Y los del restaurant del frente siempre atendiendo, sean las cuatro o las nueve de la mañana, y la cajera del super, todos los días (fines de semana también) la misma vieja atendiendo, hasta que cierran el super a las diez. Entonces la otra mitad de tu mente dice: por Dios que trabajan los chinos!

Ejemplo dos: llegas a mi condominio, o caminas por algún pasaje y ves la basura botada, las puertas y muros sin pintar, el olor medio putrefacto y dices: por Dios que cochinos que son los chinos! Y ahí la otra mitad de tu mente alega... ¿cochinos? ¿acaso no los has visto limpiando piedritas del piso, una por una con cepillo de dientes? ¿acaso no te ha llamado la atencion lo limpio de las calles grandes y las tiendas? ¿acaso no has visto esos ejercitos de limpiadores dejando todo impecable?

Ejemplo tres: Vas en la calle y vez a los peatones cruzando cuando quieren, los taxistas idem, las motos contra el tránsito, o a favor del tránsito, o por la vereda, la gente caminando en medio de la calle y dices: ¿por Dios que desordenados que son los Chinos? Y ahí la otra mitad de tu mente salta... ¿desordenados? acaso no has visto a los guardias del metro marcar como si fuera la parada militar? acaso no as visto como cualquier transacción tiene miles de reglas y papeles? acaso no has visto que nada deciden porque todo lo consultan a su superior? desordenados? Pero si son 1.300 millones que trabajan como uno solo, y nadie alega!

lunes, 30 de agosto de 2010

Que continúa la historia de éste hidalgo en la playa de Shanghai, además de otras muy famosas aventuras.

Había dejado la historia de mi visita a la playa inconclusa. Si recordamos, lo último que había pasado era que el guardia pelusón me había tocado la puerta, para decirme a mí y a mi compañero de pieza que íbamos a los masajes. Yo le pregunte si se refería a masajes o “masajes” y él con toda soltura me respondió que hablaba de masajes verdaderos.

Bajamos entonces al estacionamiento del hotel, pero el bus que debía llevarnos no estaba. La verdad es que el ambiente era bastante raro. En el estacionamiento del LIH, dos chinos en un BMW fumaban y hablaban bajo, un viejo sentado en una mesa miraba, y no se oía más que el ruido de los pájaros que a veces cortaban el silencio. Así estuvimos, yo, mi compañero de pieza y el chofer peluson por cinco minutos, sin hablarnos (no era tan fácil en mi caso) ni hacer gesto alguno. Pero de pronto apareció el bus manejado por uno de los choferes. Al parecer, habia ido en una “misión de reconocimiento” y ahora volvía con novedades desde el frente de batalla. Nos subimos, entonces, los tres al bus y partimos. Las calles de Lampa se veían desiertas, y los más de 30 grados flotaban en el aire haciéndolo desagradable. En el camino, pasamos a buscar a algunos de los choferes que estaban en rincones perdidos, al parecer buscando la casa de masajes que nunca encontraron. Pero después de un rato llegamos a nuestro destino. Uno de los choferes se subio al bus y me dio un helado de piña. Hubiese sido un gran helado si a los chinos no se les hubiera ocurrido, por alguna razon, echarle sal.

Ahí mismo, mientras comía mi helado uno de los choferes me pregunta, apuntando a la casa que estaba frente a nosotros: Ni yao bu yao? (tu quieres o no). Sha me (que?) –pregunto yo. Zhega (esto) mientras hacia el gesto de un masaje… he zhega o esto, mientras hacia el gesto universal del sexo) Jaj, ja, ja… se rio el… zhega, dijo, mientras hacia el gesto sexual.

Habíamos llegado entonces, a una casa de remolienda, o de citas, o de fiestas, o de huifas (esta ultima expresion es mi favorita porque me imagino a un Viejo gritando huiiiifaaa). Para que lo tengan claro mis lectores, una casa de huifas china es, como su nombre lo indica, una casa. Acá no hay guardias con sombreros de copa, ni música, ni caños, ni asientos de terciopelo, ni copete… ni siquiera una luz roja que indique la naturaleza de la casa. Es, sencillamente, una casa.

Se bajaron allí, todos los choferes que habíamos ido recogiendo en el camino, y yo me quede en el bus junto con mi compañero de pieza. Mientras tanto, en una moto llegaban dos “refuerzos” femeninos que eran necesarios ante tal contingente de hombres. Siendo sincero, los refuerzos no andaban nada de mal. Pero nos quedamos en el bus un par de minutos, sin saber mucho que hacer. Hasta que, al fin, decidimos bajarnos.

Entrando en la casa llegamos a una especie de sala de estar angosta pero muy larga. En uno de los rincones, la regenta del lugar miraba una teleserie china. Poco más acá, en un sofá estaban sentadas las que boto la ola: la gordita y la vieja. Frente a ellas, habia un sillón donde yo y mi compañero de pieza nos sentamos. Por supuesto, el hecho de que yo fuera occidental causó furor entre las presentes, salvo la regenta que no se despegaba de su teleserie. Pero la gordita y la vieja de mostraron entusiasmadas, pues seguramente yo era el primer occidental que alguna vez ingresaba a tan respetado lugar de Lampa. La gordita entonces se me ofreció raudamente. “Yao bu yao” –repetia una y otra vez- “yao bu yao”. “Bu yao (no quiero)” le respondia yo. Ahi la gordita volvia a la carga…solo 100 yuanes (7 lucas) decia… muy barato. “Bu yao, repetia yo”. 90 yuanes!! Volvia a la carga. Solo 90 Yuanes. Entretando mi compañero de pieza y la vieja hablaban no se de que, aunque pude comprobar que algo decian de mi y de lo que hacia alli, y que no entendía lo que ellos hablaban. La gordita, por su parte, iba ya en 50 cuando se aburrió y se dedico a ver la teleserie.

Así pasaron una par de minutos en un silencio incómodo, hasta que una de las obreras del placer que estaba trabajando, apareció en la sala, colgó una llave en un colgador, conto unos billetes, le dio uno a la regenta y se sentó poco mas allá en la sala.

La verdad es que la nueva invitada andaba bastante bien: era muy delgada, usaba una mini, peto y pelo corto, y no estaba muy maquillada como suelen estarlo las chicas de esta profesión. Asi que la gordita, sabiendo que su colega era guapa se volvio loca. Creyendo que el problema con la transacción anterior habían sido sus kilos de más, o el hecho de que estuviera en piyama, repetía insistentemente apuntandola a ella y mirándome a mi: “Yao bu yao! Yao bu yao!” Cuando le conteste: “Bu yao!” Entonces definitivamente no entendió nada. Y mirando a mi compañero de pieza le pregunto (según creo): “¿y este? A que viene acá si no quiere nada con ninguna de nosotras?” A lo que él le contesto: Vino porque quería que le hicieran un masaje…. Jajajajajaj, carcajada general. Hasta la regenta, que hasta el momento no había participado, se reía de la estupidez el occidental, que llego acá pidiendo un masaje.

Por mi ridículo fue cortado de sopetón por las chiquillas que volvían junto con los choferes que, o bien eran de tiro corto, o bien tenían muy poca plata, porque no habrán estado más de 10 minutos con ellas. Así que todos subimos al bus, los refuerzos a su moto y volvimos al LIH, cuando no eran más que las 11 de la noche.

Al día siguiente, temprano en la mañana nos despertaron. La idea era hacer una de esas actividades “team building” del tipo, confía en tu compañero, comunícate con él, etc, etc. La verdad es que este tipo de “dinámicas” las encuentro profundamente vomitivas, y creo que la mejor manera de lograr ese “espíritu de equipo” debe ser hacer un gran asado con suficiente alcohol para que la gente empiece a decir lo que realmente piensa. Pero esas actividades, que en una empresa en Chile podrían resultarnos vomitivas, en China son todo un placer. La escena de esas actividades lúdicas en las que yo estaba metido, se parece a aquella escena de “Perdidos en Tokyo” en que Bill Murray está en medio de un programa japonés de concursos, donde él es el único que no entiende de qué se ríen todos. Esto era lo mismo. Estaba yo en medio de estas actividades extrañísimas, con unos monitores que hablaban y hablaban sin parar, y la gente que reía. Había que hacer cosas como equilibrar unos palitos entre varios, saltar de lámina en lámina siguiendo unos números, y otras cosas. Para peor, en el centro de convenciones del LIH el aire acondicionado estaba malo, así que todo esto era ante 40 grados de calor, con sonrisitas y discursos finales que yo no entendía.

Luego de eso almorzamos y nos volvimos a Shanghai, en uno de los fines de semana más extraños de mi vida.

viernes, 20 de agosto de 2010

Mi artículo del diario

Antes de proseguir con mi relato respecto al fin de semana pasado (y se viene la parte buena, je je) me doy este paréntesis para contarles (a los que no sabían) que estoy enviando artículos en calidad de Freelance a un diario chino en inglés, y que mi primer artículo salió en el diario hoy mismo. Así que lo reproduzco tal cual para que le echen un lookin. Está en Inglés, así que pa los que no le escurren a la lengua de chakespiare, entonces metanlo a wordereference y lean un mamarracho inservible.

Confucianism in daily Chinese life

If you go to the Renmin Park any Sunday afternoon, you will find many middle aged Chinese couples, talking and showing themselves papers with pictures and letters. In those papers they are trying to advertise their own sons, to get them a decent husband or wife. This is very shocking for westerners. How is it possible that in the year 2010 people are still arranging the marriages of their sons? The explanation may rely on a doctrine with more than 2500 years of history: Confucianism.

The spread of this doctrine came to the society from above. It was during the Han Dynasty that the emperors realized that the best way to keep the unity and control of China was to implement the Confoucionist system. This is because the doctrine establishes a series of fixed relationships that need to be respected: ruler-ruled, father-son, husband-wife, elder brother-younger brother, and friend-friend. In practical terms this means that the ruler protects the ruled, but the ruled follow his orders, the father gives orders and the son obeys, etc. So the Han realized that this fixed social organization could avoid revolutions and internal wars. In that way, the emperors saw themselves as virtuous parents seeking the best for their sons, and giving them orders in how to build a better society. And the sons had to obey their parents, and the ruled had to obey the ruler because they had a social duty. Mencius says that the duty was based on utilitaristic reasons: only if everyone accepts his duty, we can have a united and prosperous society.

This way of seeing things has, in a way, survived until today, and we can see it in the social relationships and political opinions of the people. In the above example, the sons have the duty to obey their parents and take care of them when they become old. Their social position implies that they should obey, so is not strange that sometimes the parents chose their son’s spouses, and the sons are willing to accept it. The parents are also very interested on the issue, because their son in law will have to take care of them when they become old. On the same line, people in China also have a high respect for the authority, which is more important than the rules and laws. For that reason, people are often not so respectful about the rules (just think about pedestrians crossing the street) but they will follow their boss or superior in everything they say, just because they have the duty to follow authority (which makes them also bad at thinking and deciding by themselves). The utilitaristic justification of duty is also something very common in Chinese people. For example: if you ask anyone what he thinks about the single child policy, he would probably say that it is good for society, so, even if he dislikes it, he has to support it.

The Confucian way of thinking is very useful on maintaining the unity and social stability of China, but it has to be equilibrated a bit of rebelliousness; because, has the story of Cristopher Columbus teach us, only those who sometimes go against their orders and advices, could achieve the greatest things.

Diego Castro

domingo, 15 de agosto de 2010

Que cuenta el viaje de este hidalgo a la “playa” de Shanghai junto con otras muy famosas aventuras.

Vengo recién llegando de un paseo a la “playa” (la razón de las comillas se explicará más adelante). El viaje no tenía nada de especial, era simplemente el paseo anual de todos los profesores y funcionarios de los dos colegios en que trabajo (que son de un mismo dueño) a fin de conocerse, crear lazos como equipo y bla, bla, bla. Pero lo que en cualquier lado no sería más que un paseo latero más, en China, donde todo es extraño, pasa a ser un fin de semana épico. Porque como veremos, conocí hoteles de lujo perdidos en la nada, playas de utilería, el famoso y alcohólico kambey, y otras cosas que no vale la pena adelantar. Sin embargo, por razones logísticas no puede llevar cámara al paseo (básicamente porque no tengo), así que intenté tomar todas las notas mentales posibles durante el viaje, y ahora trataré de ponerlas por escrito.

La cita era el sábado a las 8:15 en uno de los colegios donde yo hago clases. Por supuesto, yo llegué a las 8:25. En Chile eso no hubiera sido problema, porque estaríamos recién subiendo las cosas al bus. Pero en China, por supuesto, la cosa fue diferente y yo era el único al que estaban esperando para poder irse. Ya arriba del bus (en realidad eran varios furgones escolares) me dieron mi snack chino: una serie de exquisiteses para compartir como: algas (sí, algas), huevo duro negro (sí, negro y muy malo), tomates cherry, turrón sin gusto a nada, una especie de salames nada apetitosos, palitos de pescado seco, y unas galletas hediondas y picantes que no se las deseo ni a mi peor enemigo. Pero bueno, comí lo que pude y luego de pasar a buscar al resto de la gente al otro colegio partimos a la playa.

Shanghai tiene más de 20 millones de habitantes, y queda en el país con más población del planeta. El resultado de esto es que Shanghai no se acaba nunca. Así que anduvimos por una carretera en medio de edificios, luego, casas, luego fábricas, y luego otra vez casas pero con plantaciones de arroz entremedio. Lo que en Chile se llamaría campo es algo que aquí nunca se ve, a lo más hay pequeñas parcelas sembradas, de 3 o 4 hectáreas y rodeadas por casas, muchas casas. Seguimos por este paisaje entre de entre suburbio y campo (algo así como Lampa) por lugares nada de especiales. Cada cierto tanto había fábricas, casas abandonadas o gente en bicicleta. No era un lugar al que uno se hubiese ido de vacaciones pero, de pronto… doblamos en la esquina y llegamos a nuestro hotel. Éste estaba rodeado por un tranque feo y un peladero. Nada de jardines ni parafernalia. Era algo así como el Lampa International Hotel (en adelante LIH). Lo extraño de todo es que el LIH, pese a su entorno poco prometedor, no tenía nada que envidiarle al Radisson, o al Intercontinental, o a algún hotel de esos. Sus buenos mármoles en .grandes piezas con puerta con tarjeta, su regio restaurant, etc. Incluso le llevaba una sala de karaoke. Yo, viendo tal lujo en medio de Lampa, no paraba de preguntarme cómo sobrevivían, o quien (además de nosotros) podía ser tan raro como para ir a meterse allí.

Pues bien, llegados e instalados en nuestras habitaciones (a mí me tocó con uno de los choferes de los buses escolares) partimos a almorzar a unos dos kilómetros de allí. Tengo que explicarles un poco cómo funcionan los restaurantes en China para que entiendan la situación: las mesas son redondas, y en muchas ocasiones (como ésta) están en piezas separadas una de la otra. Al centro hay un gran disco de vidrio que gira, en donde se van poniendo los platos. Cuando el disco gira uno picotea lo que quiere con los palitos. Los tragos también van girando y se les van sirviendo a todos, y si a uno se le ocurre tomarse la mitad del vaso entonces se lo van a rellenar. A mí me tiraron con todos los hombres. Machos brutos y buenos para tomar: eran todos los choferes y maestros chasquilla de los colegios. También llegó y se sentó junto a nosotros el dueño del colegio. Fue en ese contexto donde conocí el kambey.

El kambey no es algo tan raro en realidad. Es simplemente la tradición de mirar a tu compañero de mesa a los ojos, golpear el vaso en la mesa, decir kambey y tomárselo al seco (el vaso, no el compañero). Eso también se hace en Chile pero en China el problema es su connotación social. Cuando alguien quiere hacer negocios, por ejemplo, necesariamente debe emborracharse a punta de kambeys. Cuando alguien, como en mi caso, quiere entrar con un grupo de personas a las que no le entiende ni lo que habla, debe hacer lo mismo. Por supuesto que la víctima de los kambey fue en este caso el pajarito nuevo: el chileno. Y los tragos no eran cualquier cosa. Los chinos toman un fuerte de destilado de arroz (que en Japón se llama sake, en China no me acuerdo) que tiene 52 grados!! Y además, si uno baja su vaso se lo vuelven a llenar. Pero los resultados de tanto kambey fueron extraños. ¡Porque al quinto o sexto empecé a entender chino! O al menos mi mente de borracho le ponía subtítulos a lo que hasta hace poco era ininteligible salvo por algunas palabras. Y la conversación que escuché fue la siguiente:

El pelusón tallero del grupo decía: - Hey cabros, en la noche les tinca si vamos por unos masajes?

- Wena wena, dicen todos, vamos por unos masajes.

- Pero masajes de los buenos dice otro pelusón -haciendo el gesto técnico universal de meter el dedo índice de una mano en un circulito que hacía con la otra mano.

- Ya salió este hueón! –decía el pelusón- uno habla de masaje en los hombros la espalda… y este sale con sus leseras.. será porque andai con el kino acumulado-le decía.

- Si po –le respondía el otro- es que tu señora me tiene con el agua cortá.

- En serio? A ti también?

Cagadero de risa general en el que yo me incluía.

Pasaron los platos, los kambey, la comida y las horas y terminó el almuerzo. Y un poco encufifado pero feliz con mis nuevos poderes volvimos al Lampa International, por una siesta más que oportuna.

A las cuatro me despierta mi compañero de pieza diciéndome que nos íbamos a la playa. O a lo menos eso entendí con lo que quedaba de mis poderes, que se iban rápidamente junto con la curadera. Pero no estaba tan mal, porque a la playa justamente íbamos. Ésta estaba a poco más de 20 minutos del LIH y es muy difícil describirla. Para hacerlo voy a decir lo que tenía y lo que no.

La playa de Shanghai no tenía:

Gaviotas ni pelícanos ni ningún otro bicho.

Gente tomando sol (cuando hay sol hace mucho calor, y la playa por lo mismo sólo abre a las 5, además no hay espacio para tomar sol).

Gente jugando paletas, ni fútbol ni volley

Gente vendiendo pan de huevo, o cuchuflí, o palmeras.

Bikinis: las chinas solo usan la parte de arriba, abajo usan una faldita.

Toallas para echarse: la gente se sienta en sillas por la que pagan.

Arena. En realidad habrían 4 o 5 metros pero era muy poca para contarla.

Olas: era una taza de leche.

Consecuentemente: gente con tabla de body o de surf.

Occidentales (salvo yo, claro)

Ahora, lo que la playa de Shanghai sí tenía era:

Muuuucha gente en cada rincón de la playa y del agua.

Salvavidas: una cantidad impresionante de ellos.

Boyas: el área de nado era de 10 metros desde el agua, marcado con boyas. No se podía pasar más allá, aunque yo lo hice un par de veces sólo para molestar a los salvavidas.

Flotadores redondos alrededor de la cintura: la mayoría de los chinos no sabe nadar y usaba estos ridículos flotadores, eso pese uno podía topar el fondo en toda el área de nado.

Rompeolas: cien metros más allá de las bolyas, unos rompeolas artificiales aislaban totalmente la playa del mar de verdad. No vaya a ser que algún rebelde se pase de las boyas.

Lockers, duchas y camarines: enormes y muy buenos.

Entrada: Sí, se pagaba por entrar a este paraíso en la tierra, aunque nunca supe cuanto.

Luces: cuando se va la luz natural los chinos iluminan parte de la playa y del agua para que uno siga nadando.

Reflexión final respecto a la playa: los Chinos son unos niños porque son tratados como niños. ¡Ni siquiera uno tiene la libertad de ser idiota, nadar un poco más allá y ahogarse! ¡La libertad de ahogarse! Nunca pensé que me sentiría tan invadido e idiota por no tenerla.

Pero bueno, volviendo al relato, yo nadé y chapotié de lo lindo en el agua (que a todo esto era como meterse a una tina) le tiré agua a mis profes compañeras y molesté a los salvavidas pasándome de las boyas. Cuando llegó la noche nos fuimos al mismo restaurant donde comimos (yo seguía acañado y logré pasar piola esta vez con los kambey) y a eso de las 10 llegamos al LIH.

Me instalé, entonces, con mi compañero de pieza y ya me disponía a acostarme mientras él veía en la TV cosas que yo no podía entender cuando de pronto golpearon la puerta. Era el chofer pelusón, que nos decía: y bueno, vamos a los masajes o no? Vamos! Contesté yo. Pero para saber lo que pasó en ese curioso lugar va a tener que esperar hasta el próximo capítulo (lo siento pero ya es tarde y mañana tengo pega temprano).

martes, 3 de agosto de 2010

Sobre mi pega y como llegué a ella. Parte 2.

La vida urbana ebullente de Shanghai, además de la pega y las pocas horas de sueño, no me invitan a escribir mucho en este blog. Pero como he recibido alegatos de algunos que religiosamente se conectan por este medio para saber de mis andanzas, y no han tenido respuesta alguna, entonces me largo a escribir nomás, y que me perdonen por la demora.
Hoy debo hablar sobre mi trabajo. Ya había adelantado algo cuando expliqué como lo conseguí, pero ahora toca ver como fue mi clase de prueba, los primeros días, y como me adapto a mi nueva profesión (apunto for the record mi lista de profesiones hasta el momento, aunque haya durado dos días en algunas: procurador, abogado, profesor particular de inglés, profesor de filosofía, vendedor de sushi, andarivelista, salvavidas, ayudante universitario, mozo de eventos, housekeeper, y ahora parvulario).
Pues bien, luego de que este tal Andy me avisó en su horrible inglés que tenía un trabajo para mí, yo raudamente le respondí diciendo que cuando y donde nos juntabamos. Me respondió que me tomara la línea 8 del metro y me bajara en la última estación, y que él me encontraría en la salida uno. Después de casi una hora en metro, a una horrible temperatura que le ponen en base a aire acondicionado (y yo en short y polera por supuesto) llegé a la salida del metro. Dos cosas me preocuparon allí: la primera es que Andy no se veía por ninguna parte, la segunda era que el barrio parecía bstante de mala muerte. Unos chinos guatones en moto esperaban en la salida, con una cara de malos que me hacían recordar esas pandillas hongkonesas de las películas de artes marciales. Ya veía que uno de ellos me decía: Diego? y me subía a su moto, y terminaba siendo vendido como esclavo en una mina de carbón al interior de China. Pero bueno, por suerte los chinos con cara de mafiosos ni me hablaron, y yo me dediqué a esperar. A los 15 minutos al fin llegó Andy disculpándose por el atraso, y me dijo que tomáramos un taxi. Todavía yo dudaba: ¿cuándo me piden que acarree la droga? ¿cuando me muestra la pistola y me dice que estoy secuestrado? Por suerte nada de eso pasó, y para mi sorpresa nos dirigimos en el taxi a lo que parecía ser un jardín infantil chino.
Los jardines infantiles de acá no tienen nada que ver con los de Chile. Acá, si recuerdan, el hijo único es el principal capital de sus padres, y su educación y excelencia es lo primero (va mucho antes que la felicidad del niño, por supuesto). En consecuencia, la explotación infantil comienza ya en el jardín. Clases de inglés normal e inglés reforzado, piano, karate, escritura (esos mocosos a los 4 escriben los caracteres que yo con suerte reconozco unos de otros) lectura, tareas para la casa, etc, etc, son lo usual en este tipo de jardines. Por lo tanto, el jardín que fui a ver más parecía un colegio hecho y derecho que un jardin de esos que arman en Chile en una casa cualquiera.
Bueno, allí entre el cabrerío chico chino me llevaron a ver un gringo que hacía lo que después sería mi trabajo. Fueron sólo 15 minutos de: Mostrar tarjetitas y preguntar qué eran, cantar cancioncillas y tratar de controlar a las criaturas estas. Sólo eso ví, y luego Andy me dice: hoy en la tarde es tu clase de prueba, te toca hacer esto mismo.
¿Y ahora que hago? M pregunté. Como salgo de ésta. No me sé ninguna canción de niños en inglés (fui a un colegio francés) No tengo idea de cual va a ser la edad de los niños, no que es lo que saben ellos ni nada. Tuve cuatro horas para preparar algo para mi clase pero, por supuesto, no preparé nada. No importa, creo que las mejores cosas son las que se logran improvisando, y es eso lo que terminé haciendo.
Me llevaron entonces frente a una veintena de mocosos de seis años. Ruidosos, aburridos y además, chinos. Así que sin saber que hacer pensé en animales. A los niños les gustan los animales así que debiera resultar bien. Me puse a actuar como perro y pregunté ¿What is this? Dooog me contestaron con voz de lata, como diciendo ¿y cuando empezamos con las ecuaciones diferenciales?. ¿What is this? pregunté actuando de oveja... Sheeep, respondieron con idéntico tono. Bien –pensé- parece que estos niños sabían más de lo que yo creía. Les expliqué entonces, como pude, que ahora les tocaba a ellos actuar como el animal que yo les dijera, y llamé a un niño de la primera fila. Le dije al oído “lion” y esperé que actuara de león. Dos segundos, cinco, diez… nada, no quería nada el mocoso. Le cambié el animal: cow, nada más fácil. Pero no pasaba nada. En la puerta de la sala podía ver –apreciando mi derrota- a la directora y a un piño de profesoras fascinadas por la novedad (no sólo había un hombre, si no que era occidental). Pero el mocoso no hacía nada, porque era el burro del curso. Lo mandé derecho para su puesto y llamé a otros niños, que no sólo actuaron lion y sheep, sino otras más difíciles como elephant y mouse. Estaba salvado.
Pero cuando iba saliendo de la sala pasé otro susto. La directora hablaba con Andy sobre mi desempeño, en un tono que se parecía más al videíto de Hitler y la PSU que a una felicitación. Hasta aquí llegué, pensé yo. Pero nada de eso, según iría aprendiendo, para decirse; pucha que ha hecho calor! Los Chinos hablan como si fueran un oficial de la SS hablándole a un prisionero judío en Auswitsch. Lo que le decía la profesora a Andy eran felicitaciones por mi desempeño… porque la pega era mía.

miércoles, 7 de julio de 2010

Familia y sociedad China


La familia china es bastante extraña a ojos occidentales. Y en base a ello, la sociedad china es también algo difícil de comprender. La política de un hijo por familia, además de ciertas costumbres culturales que tienen un antiguo origen en la doctrina de Confucio, hacen de china un país en el que su gente nos sorprende a cada paso.
Partamos por lo primero. En 1979 Deng Xiaoping estableció que los problemas sociales y económicos de China se basaban en el exceso de población. Ante esto, se dictó la polemica ley de hijo único, que en cualquier parte del mundo que no fuera china habría causado revueltas sociales y políticas. Según esta ley (que sigue vigente pero con excepciones en algunas provincias) las familias chinas no pueden tener más de un hijo por familia, salvo excepciones como la población rural en caso de que el primer hijo no sea varón, los gemelos, o las viudas (que pueden tener un hijo por cada marido). Contrario a lo que se piensa en otras partes, si una pareja tiene más de un hijo no se le obliga a matarlo, si no al pago de una importante multa. Es por ello que tener más de un hijo se ha convertido en lujo de ricos, como los Audis y los Mercedes Benz. Ahora bien, mas allá de las consecuencias positivas de la medida (que efectivamente a reducido la población desde 1600 a 1300 millones) esta tiene una serie de problemas que son conocidos: envejecimiento de la población, abortos e infanticidios (sobre todo de niñas porque económicamente tienen menor valor para la familia) y consecuentemente, la mayor proporción en el mundo de hombres v/s mujeres (110 hombres por cada 100 mujeres, lo cual deja a un 10% de gorditos computines sin posibilidad alguna de transmitir sus genes).

Pero además de esas consecuencias, existen otras que solo podemos percibir si estamos viviendo en China. La primera es que, como es bien sabido, los hijos únicos tienden a ser más egoístas. Imagínense esos niños egoístas multiplicados por 1300 millones y tendrán una idea de cómo es la sociedad china: enfermantemente egocéntrica y despreocupada por el resto. Es por eso quizás que la gente corre a subirse al metro empujando viejitas para ganarles el asiento (también pasa en chile, dirán algunos), que los que andan en moto te tocan la bocina en el oído para que te corras de tu camino cuando ¡estás en una vereda! Que te gritan al oído y te agarran y tironean cuando quieren que les des una moneda o poses para una foto. Además, los chinos son tremendamente faltos de individualidad y de confianza en ellos mismos, porque, como veremos, no solo deben hacerle caso en todo a sus dos padres si no que también, habitualmente, a sus cuatro abuelos que viven con ellos.

El hecho de que los abuelos vivan con los tiene su origen en una Antigua tradición que se remonta a la doctrina de Confucio. Como los maestros de occidente, Confucio fue un pensador que se preocupaba básicamente de la moral. En ese sentido, una de sus máximas era “respeta a tus padres y a los mayores”, lo cual no habría pasado de ser pura retorica en cualquier parte, pero en China, se hizo una norma esencial de la sociedad. Y ello porque los antiguos Emperadores se hicieron confucianos, y como tales, dejaron asentada la norma como ley, lo que en la práctica significaba que los hijos debían hacerse cargo de sus padres hasta la muerte. Pero dicha norma, que en tiempo antiguos podía parecernos de toda lógica, hoy en día, por dos circunstancias concretas, representa una pesada carga. La primera es la esperanza de vida, porque si en la antigüedad era raro que alguien pasara los 50, hoy la esperanza de vida en China llega a 73 y sigue subiendo. Por lo tanto, los años durante los que hay que hacerse cargo de los padres son, actualmente, muchos más. Pero además de eso, la política de hijo único implica que un solo hijo tiene que hacerse cargo de sus dos padres, además de los dos padres de su cónyuge. Por lo mismo, la carga es mucho mayor que antiguamente, en donde muchos hijos podían hacerse cargo de los padres.

Estas circunstancias han traído como consecuencia que los hijos únicos sean una suerte de príncipes/esclavos. Son príncipes porque reciben toda la atención que quieren de sus dos padres y de sus cuatro abuelos, que habitualmente viven con ellos. Todas sus necesidades están cubiertas y los niños tienen cantidades industriales de juguetes y comodidades con las que sus padres ni siquiera soñaron. Pero, por cierto, eso los hace bastante mal criados e incapaces de

hacer las cosas por si mismos sin que haya un adulto encima. Es eso lo que tengo que sufrir día a día cuando, simplemente, no me hacen caso.


Pero además, los hijos únicos son esclavos. Como la norma dicta que ellos se hagan cargo de sus padres (razón por la cual, por ejemplo, el envegecimiento de la población no representa un problema tan grave para el gobierno como si lo seria en otros países) entonces los padres deben hacer todos los esfuerzos necesario para que sus hijos sean su pasaporte a una vejez decente. Losahorros, entonces, no se van a ninguna AFP, se van a la educación del único hijo para que éste les asegure un buen retiro a sus padres. Las exigencias para los hijos son, entonces, algo terrible. Por ejemplo, en el jardín infantil en que trabajo, los niños además de sus clases normales toman talleres de piano, karate, inglés avanzado, lectura, escritura, matemáticas, etc. Algunos niños, con sólo 6 o 7 años, no salen del colegio hasta las 6, y llegando a la casa tienen clases particulares de otras cosas: es una locura. Además, tienen sólo dos semanas de vacaciones en el año: una en octubre y una en febrero y eso es todo. Y si a eso le sumamos que sus padres también deben cuidar a sus padres, entonces ellos viven con dos padres y 4 abuelos. Seis adultos dando órdenes y diciéndoles qué y cómo hacerlo todo el día. Por lo mismo, quizás, cuando llegan a adultos no son capaces de tomar decisiones ni tienen imaginación, sólo son capaces de seguir órdenes.

Otro aspecto en que se ve reflejada esta falta de iniciativa propia, es en los matrimonios concertados. Aún en el siglo XXI, muchos padres deciden con quien se casarán sus hijos. Y claro, si consideramos que habitualmente van a vivir con los esposos de sus hijos y los consuegros, les importa mucho más que en occidente con quien se estén metiendo. Además, requieren que elnivel socieoecómico sea parecido al de sus hijos, para darles un retiro decente. Es por eso que hace poco nos encontramos con esta imagen:

Son padres en la “plaza de armas” de Shanghai, que se reúnen a buscarle esposo o esposa a sus hijos. Pegan papelitos con el perfil de sus hijos y dejan sus datos, algunos se conocen inmediatamente en persona. Lo curioso, sin embargo, es que los hijos no están presentes en el proceso, acá, más que nada importa que los padres se lleven bien y que socioeconómicamente tengan un nivel parecido. La opinión de los hijos, como siempre, no vale mucho.

viernes, 2 de julio de 2010

El mundial en la China

Según me revelaba el corresponsal en la Argentina Arón, estudios del "Callampeiton Institute" de Putaendo señalan que China sería el país donde más se consume la copa del mundo. El dato no deja de sorprender: ¿pero cómo puede ser eso? se pregunta uno,¿ cómo pueden competirle a chilito? Con tanto oficinista del centro adicto al café con piernas, que inventa cualquier excusa para no perderse Eslovenia-Argelia, con tanto viejo de la vega que dice: Chile le gana a Brasil 3-0 con goles del Bam Bam, con tanto tontito que va a romper los paraderos si Chile gana, o si pierde.... o si empata. ¿Cómo puede ser China más futbolizado? Si son más malos que la B de Tricolor de Paine y andan más preocupados del Badmington y el Ping Pong.

Bueno, eso era lo que yo pensaba, pero al llegar a China me di cuanta que los precisos estudios del "Callampeiton Institute" eran ciertos: los chinos están locos por el mundial. Pero además hay un asunto de proporciones. La población de China es 100 veces la chilena, y por lo tanto, por cada oficinista sacador de vuelta del paseo ahumada, en China hay 100. Por cada guardia de edificio que ve los partidos en su mini televisor en blanco y negro en China hay 100. Además, está el asunto de la tecnología. Cada micro y vagón del metro tiene una pantalla Led en donde, entre otras cosas, se transmiten los goles y resúmenes de los partidos. En los edificios hay pantallas gigantes donde pasa lo mismo, y la gente va en la calle con sus celulares con TV viendo el mundial. Además, al contrario de lo que ocurre en Chile con la estafa de TVN (canal que llamo a boicotear por chanta, y nunca más verlo), en China la señal estatal CCTV tiene varios canales, entre ellos uno única y exclusivamente dedicado a los deportes, y que ahora está úncia y exclusivamente dedicado al mundial: todos los partidos con varias repeticiones, resumenes de partidos, mejores goles, entrevistas, etc. De más está decir que cuando estoy en mi casa CCTV 5 se enciende por defecto.

Así que la fiebre mundialera pegó muy fuerte acá, y la gente está muy pendiente. He visto mucho más la imagen de Messi que la de Mao, y la camiseta argentina es una de las que tiene más arrastre entre los jóvenes, seguida de cerca por la de Brasil.
¿Y como se vive la pasión por la selección del calcetín de tierra acá en China? La pasión por chilito reunió a todos los chilenos que están acá en Shanghai, y los Ceacheí se escucharon más fuertes que nunca. El primer partido lo ví en O´Malleys, un Irish Pub donde se juntó buena parte de la colonia chilena en Shanghai y alrededores. Así, con Bombo y Vuvuluelas celebramos el gol de Palmatoria:

Mi pinta trató de ser lo más adhoc posible, pero al final nunca compré la camiseta del alexi que quería, y tuve que improvisar mi pinta de hincha chileno con lo que había nomás:Por último, he aquí el momento en el que el árbitro le pone fin al partido y al maleficio que desde el gol de Eladio a Yugoslavia, ni los penales de Cazely ni los cabezazos de los Sa-Za habían podido romper: Chile volvía a ganar en un mundial. El ceacheí correspondiente:

Luego de ese momento nos quedamos en el local, adonde llegaron en masa los españoles a llorar porque la tronco y antifútbol selección de Suiza les robaba una victoria impensada. En todo caso, fue todo un placer ver las caras de sufrimiento de los panaderos.
Algunos días después, el partido contra Suiza había que verlo con dientes apretados, porque era clave para seguir soñando. Y así se vió, en el pabellón de Chile en la Expo. Pero antes del partido había que ponerse a tono:


El tío Pepe (chofer de los anfitriones chilenos y chileno por adopción) era el enacrgado de los Ceacheí.


Por último, el triunfo de Chile se celebró como corresponde: con flor de carrete.


El partido que lo definía todo, contra los españoles, volvimos a verlo en O´Malleys:

Por cierto, lo que se ve abajo son españoles. Los chilenos estábamos en la tribuna de arriba. Y aunque el partido se perdió en la cancha, acá en Shanghai les dimos una paliza y les enseñamos lo que es alentar, ellos quedaron como unos pecho frío sin sangre que son.
Y luego de la derrota (pero clasificación) a eso de las 5 de la mañana hicimos un carnaval callejero, con bombo y vuvuzuela, despertando a los chinos con nuestros Ceacheís (por lo menos no rompimos ningún paradero)

El último partido lo ví en mi casa. Empezaba a las 2 y 30 de la mañana y al día sigueinte me levanté a las 6 y 30 a trabajar, por lo que preferí sufrirlo sólo, como se debe sufrir.